Tus ojos

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

A veces, cuando me encuentro en la labor de contemplar tus ojos y desentrañar el enigma que me plantean, soy capaz de ver una cierta lejanía, un signo que evoca la tristeza. Y la veo muy dentro de ti, muchas veces has dicho que sólo ahora que te encuentras con la soledad por doquier, es que en tu vida hay dolor. Pero lo que veo es algo más profundo, que se expande y tiende a lo infinito. Y con un nudo en la garganta, confronto ¿siempre ha estado allí? No contestas…No importa: si estuvo antes, si estará después, importa que conmigo a tu lado, tus pupilas reflejaran toda la felicidad que me haces irradiar, se acortará la distancia y el dolor en gozo se tornará…

Pseudo-interpretación antropológica

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Mi vida ha sido un gran carnaval con diversidad de máscaras, multiplicadas al infinito. Según sé, Sarte dice que la existencia humana es una irremediable cadena de toma de decisiones, es decir: estamos condenados a la libertad, como dijo Agustín de Hipona.

Siendo así, mi transcurrir por el devenir no puede ser visto como otra cosa que no sea la elección de vestuario para cada ocasión. Situación tras situación puedo verme ora llorando, ora riendo, como algo exterior a mí. Las máscaras que simbolizan al teatro, bien vendría a ser signos que representasen el guión de esta pretendida tragedia. Donde la más inmensa alegría o la más desgarradora tristeza son puestas en escena tan ajenas a mí, como yo al mundo. Hasta que el tedio gaña mi vida con sus olas amargas, y en su feroz torbellino que revuelve el spleen, con lo banal y futil, arroja mi exquisito atuendo hasta que se pierde en el horizonte.

Quedo en el escenario sin ninguna idea que me mueva a la acción. Desesperado busco la máscara que en su rostro muestre todo el dolor humano posible, y no la encuentro. Mi necesidad pide un traje que tape mi desnudez y caigo en la cuenta que solo mis manos pueden ayudarme a tal propósito.

El tiempo transcurre, ya no hay tragedia solo levedad: lo que se vive sin saber porque y para que se vive; un asquio que invade mis entrañas y amenaza con hacerme vomitar la existencia, que declaro clara y distinta, lo más lejana de mí.

Caigo en cuenta de mi falta de lógica: ¿vomitar mi existencia y quedar como esencia? ¿Acaso es posible?

Vomito también a los señores lógicos, como hace casi un siglo lo hizo Bretón. Después de todo, ¿que importa tener la razón si el sentir, esclavizante del humano, dice lo contrario?

¿De qué sirve, hijos de Apolo, erigir murallas pretendidamente fuertes e indestructibles, si al mínimo soplo del sentir, hijo de Eros, o de un susurro del ditirambo caen hechas añicos como frágil cristal?

¿Podrían acaso resistir un embate más fuerte, un rito dionisiaco, émulo a un huracán?

¿De qué sirve la esencia, siempre perfecta, si la existencia llena de fango se encuentra? ¿Acaso hay utilidad en saber el porque si de cualquier modo se tiene que seguir caminando por el sendero que erróneamente llamamos vida?

Por otro lado, ¿por qué existir sin que la esencia dé el bálsamo que hace menos tortuoso el devenir? Consuelo de débiles, dicen que es, y con razón: no es necesaria una demostración, basta mostrar lo que es el humano…

Si ni una ni la otra me basta, ¿Qué hay por caminar?

Si Apolo con su pretendida templanza y Dionisio con su desbordante festejo, nada tienen por ofrecerme: ¿a qué númen encomendarme? El portador de una suave voz que viene de la tierra del Erebo y viene acercándose y ensombreciendo todo, aparece en escena frente al antes actor, ahora un montón de huesos y jirones de piel, masa informe.

No puedo enamorarme de ti

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“Solo tú, no necesito más te adoraría lo que dure la eternidad.
Debes de ser perfecta para, perfecto para, perfecto para mí mi amor.
Cómo fue que de papel cambié eres mi amiga y ahora eres mi mujer.
Debes ser perfectamente, exactamente lo que yo siempre soñé.”





Se bajó del camión y de inmediato lo observó a la lejanía, con un tanto de nervios continúo caminando para alcanzarle, mientras se quitaba los audífonos de su ipod.
-Hola Josué.
Se anticipó Oscar extendiéndole la mano.
-Hola, ¿cómo estás?
- Bien, ¿y tú?
- También.
- ¿A dónde iremos?
- Pues había pensado que podríamos ir a un café de los del centro o simplemente caminar, ¿cómo vez?
- Vayamos a un café.
- Está bien.

Comenzó a sentirse un tanto incómodo mientras caminaban, ya llevaban un buen tiempo siendo amigos y nunca había pasado de allí. ¿Estaría bien turbar esa amistad, que consideraba de sus preferidas, para intentar algo más? Ya había desglosado opciones, hecho esquemas es más, se había leído las cartas y el iching, cosas que ya había dejado hace tiempo pero que retomaba porque Feyerabend le daba permiso, pero nada le dejaba las cosas en claro.

-¿Estás bien Josué?
- Sí, solo pensaba, ¿por qué la pregunta?
- Pues la prisa porque nos viéramos hoy, y tu seriedad.
- No, realmente no es nada grave y nada que no puedas saber tú.

Mintió con una sonrisa: claro que era grave, era muy grave. Su corazón se agitaba cada vez que veía a aquel hombre, revisaba a diario su espacio a la espera de que subiera aquellas fotos que tanto le gustaban. No sentía ánimo con el tipo que estaba saliendo. Y por si fuera poco, había vuelto a las lecturas malditas de Baudelaire y se imaginaba subiendo un post a su blog con una de las imágenes de Oscar y el “Himno a la belleza”: ‘¿Bajas del hondo cielo o emerges del abismo, Belleza?’ y hoy sabría si el subiría a la cúpula celeste o si bajaría al averno.

-Fíjate que espero que me vaya bien en este semestre, ya me sentido mucho mejor.
Le dijo Josué con sinceridad.
-Eso es bueno porque el otro apenas y lograste sacarlo.
-Sí, creo que ya las cosas van mejorando pero a paso lento, demasiado lento para mi gusto.
-Paciencia, sabe…
-Lo sé pero es muy difícil.
-Nada que no puedas hacer.

Llegaron al lugar, que no se encontraba del todo lleno. Josué se adelantó a buscar un sitio un tanto más apartado, mientras Oscar le seguía. Después de unos cuantos segundos, ya se estaban instalando tras pedir un te chai y un capuchino moka.

-Pues yo no sé como me vaya a ir, la verdad es que siento que este semestre será más difícil.
-¿Y eso?
-Las materias, mi trabajo…
Mientras Oscar hablaba, Josué no pudo evitar perderse en esos ojos claros que tanto le gustaban, saliéndose de la conversación no porque no le interesara la situación personal de Oscar, sino porque tener su rostro tan cerca le producía una sensación de ansiedad, miedo y ternura, mezclados juntos.
-…Pero ya qué, espero ingeniármelas bien aunque todo depende de cómo me vaya sintiendo.
-Sí. Cambiando de tema, no se si te había comentado que he estado checando las fotos que subes.
-Vaya, has estado espiando.
Dijo con cierto tono de broma, que provocó una sonrisa de esas que a Josué tanto le gustaban.
-No, pero pues sale cuando haces cambios. Y pues creo que si logras proyectar muchas emociones a través de ellas.
-¿Crees?
-Y no solo es por tus ojos, que son muy expresivos, sino por el juego de colores que usas, los diferentes fondos. Y en el caso de los videos también usas la música adecuada.
-Gracias.
Contestó, con un leve sonrojo y un tanto de pena.
-Pienso que cómo yo escribo sentimientos, tu los fotografeas, pero ambos trabajamos con imágenes o íconos cargados de pensamientos y sentimientos, que provocan a su vez otros similares a las personas que ven o leen nuestro trabajo.
-Yo sólo las tomó por hobbie.
-Sí, pero eso no les quita la carga. Y para allá iba, creo que la mayoría de las veces nuestras publicaciones (fotos o escritos) no responden a un interés de suscitar emociones en los demás, sino a un desfogue de sentimientos.
-Eso si me suena más, allí esta la galería que tomé cuando me separé de mi ex y los videos que me ayudaron a sacar la tristeza.
-Exacto, pero a la hora de hacer público eso se transmite, de alguna manera, nuestros sentimientos y generan más con las otras personas.
-Así que a pesar de que parecen tan distintos nuestros espacios, vienen de lo mismo: nuestro cúmulo de sentimientos.

Llegaron las bebidas.
Josué se quedó pensando, ahora que estaba más desenvuelta la plática tal vez sería el mejor momento. Puso un tanto de azúcar a su té y afirmó, con un millón de dudas en la mente:
-De esos sentimientos quería hablar hoy, Oscar.
-No entiendo.
No, Oscar no comprendía, pero dado que ambos eran adeptos a hablar cosas poco comunes y que compartían, pensó que esa plática sería como las otras.
-Mira, creo que llevamos tratándonos un rato y eres una persona interesante…
-Ajá.
Sí, en definitiva, era tan difícil como se lo había imaginado, podría hablarle con soltura de la situación política del país, de los últimos chismes de su escuela, del libro en turno, incluso podría en ese momento fundamentar, con mayor fluidez, una teoría estética que sustentara sus imágenes, pero al hablar de lo que sentía por Oscar, tendía a una rigidez inmóvil émula al ser parmenídico. Pero el río de Heráclito siempre renueva la fuerza, para continuar fluyendo.

-Mira Oscar, lo que siento es que…bueno más bien, quiero decirte que me gustas, que ya hace tiempo de esto y no sabía como decírtelo. Primero eras atractivo pero al conocerte más a fondo, me he dado cuenta de que quiero otro tipo de relación contigo.
Incluso su lenguaje sonaba torpe. Josué, que le encantaba jugar con las palabras, ahora parecía como si recién estuviera aprendiendo el español.
-…
Oscar se quedó callado, se disponía a tomar de su taza, pero ante tal circunstancia no pudo más que dejarla en su lugar. Era raro lo que pasaba, realmente había muchas cosas que compartían: el gusto por el arte, por las buenas charlas, por lo común visto desde otro enfoque, aderezado por una pizca de literatura eran tan claras y distintas, pero Oscar nunca había deducido de allí que podrían ser pareja.

-Pues ahora sí que me sacaste de onda, no lo creía de ti.
-Siendo aún más sincero, desde que te conocí ya me atraías algo, y pues quería conocerte más a fondo y fue cuando me enteré de tu novio. Luego ha pasado el tiempo de que han terminado, y decidí esperar más. Quería alargar más el tiempo pero ya vez que la paciencia nada más no se me da.
-Ya veo.
Haciendo un balance de la situación, Oscar pensó que no estaría mal intentarlo, después de todo personas como Josué no se encuentran a la vuelta de la esquina: atractivo, gustos no tan comunes, interesante, gracioso, en resumen afín a todo lo que era él. Obedeciendo tal lógica, no habría problema, pero al sentir un latido de su corazón, el empuje de la vitalidad le trajo otras sensaciones. Y parecía como si en esa mesa no sólo estuvieran ellos dos, sino alguien más que no fue invitado.
-Mira, la verdad es que no sé que debería decirte.
-Solo lo que sientas y ya…

Josué se disponía a tomarle de las manos, si Oscar respondía con sentimientos similares podría besarlo más pronto y si le rechazaba tan siquiera tendría con que sostenerse del embate, pero no lo hizo, su cuerpo estaba rígido. Sí, aún dolía. Eduardo, el exnovio, aún pesaba en el corazón de Oscar. Quién había hecho hasta lo imposible por dejarlo de lado. No sabía si quería volver, si era odio el que su corazón sentía o cualquiera otra opción, pero había algo muy intenso allí.
-Josué, creo que eres una persona muy interesante y con quien podría tener una relación de pareja…
El peso de cada palabra cayó sobre él, de ese podría se deducía necesariamente otra palabra que ya estaba odiando antes de que existiese en esa conversación: ‘pero’.
-Pero debo de ser sincero y confesarte que todavía no he superado lo de mi ex…
La verdad transmitida a través de los seudónimos que usaba Oscar por el Internet y que Josué no había querido observar, le golpeaba duramente. Mientras Oscar pasaba saliva por su garganta al borde de hacerse un nudo.
-Y no creo que sea tiempo para que inicié una nueva relación.
‘Tiempo’ resonaba en la cabeza de Josué, al carajo con el tiempo como parte de la sensibilidad del sujeto, a la Kant, esta vez el tiempo era algo externo que le provocaba un intenso dolor.
-Tal vez antes, tal vez después.
-¿Es decir, no llegué a tiempo?
-No es eso Josué, pero entiéndeme…la verdad quedé muy dolido de Eduardo.
-Sí, lo entiendo. Pero también pido la misma comprensión para mí. Estar esperando el momento ‘adecuado’, generar una ilusión contigo, verte como una persona especial y que lo que contestes es que no es tiempo para eso, no es algo muy agradable que digamos.
-Lo sé, y también te entiendo. Pero siento que mi decisión no suena coherente sino sabes de quien proviene.
-Claro, de ti.
-No, me refiero a que hay muchas cosas que no sabes de mí, de mí pasado…
Josué ya no escuchaba, solo resonaban algunas palabras más que otras: timidez, terapeutas, solitario, no aceptación. Mientras observaba ese cuerpo que no sería abrazado por él, esos labios que no besaría, ese ser con el que nunca se uniría.
-Sí, pero en este caso yo estoy queriendo salir contigo, el que se animó y no porque no sea tímido. Pienso que de lo que dices no se sigue un rechazo.
-Solo quería que supieras de donde viene todo, y como es que Eduardo llegó a mi vida.
-Ya veo.
-No te puedo pedir que me esperes, sería egoísta y yo mismo no estoy seguro de muchas cosas.

Josué quería responder que sí, que lo esperaría. No importaba que cayera en su papel de víctima-mártir una vez más. Sabía que ese tiempo lo valdría porque Oscar era diferente. Pero no lo haría, cuando los sentimientos son guardados, pueden extinguirse como la mecha de una vela o pueden crecer de momento que cuando son desfogados salen con una ira tremenda en que se transmutan.
-De la misma manera creo que sería egoísta continuar insistiendo.
-Si.
-Creo que debo de irme, venía hoy a decirte esto y ya lo he hecho.
Sacó un billete que cubriría el costo de ambas bebidas, con propinas y cambio aún. Lo dejó sobre la mesa y se levantó.
-¿No esperaras tu cambio?
Josué respondió moviendo la cabeza hacia los lados y caminando, mientras Oscar no sabía que decir, pensar y sentir.

Josué salió del lugar, pensando de nuevo en aquella palabra: tiempo. Se le revelaba una nueva verdad: siempre había llegado a destiempo, a veces precoz a veces impuntual. Sus primeros amores, tan románticos y ‘maduros’, su salida del clóset que consideraba bastante tardía, su hábito por la lectura no adquirido a tiempo, su inicio en las artes marciales hasta la adolescencia, su primera y segunda pareja por quienes dejo de sentir amor muy pronto y lo más reciente: su llegada a la vida de Oscar. Parecía que no estaba hecho para ir a favor del viento y ser puntual. Le desgarraba pensar en lo que había sucedió instantes recientes: su intento por encarnar una de sus celestes ilusiones en la tierra, había fracasado y solo logró revolcar su idea, y con ella así mismo, en el fango de la realidad.

Otra etapa de duelo, no sería fácil. Era ridículo y absurdo, las relaciones que se le daban era con otros individuos, pero con gente como Oscar no. Podía culpar a la vida, al destino, a sí mismo, pero no encontró fuerza para hacerlo. Se sintió nuevamente un mendigante de cariño. La fragilidad volvía a su condición: su carne se sentía trémula, sus huesos débiles, su energía se había ido, su cabeza no hilaba ideas y él corazón parecía querer dejar de latir.

El odio por su vitalidad comenzó a volver.
-¿Sentir para qué?
Se dijo en voz baja, el desborde de sentimientos, del que antes no era capaz, hacia estragos en el campo de su vida.
-Mejor enajenación, mental y sentimental.
Pero sabía que una vez descubierta una verdad por razón y vitalidad, no había nada que pudiera oponérsele y siempre irradiaría, incluso en noches provocándole insomnio.
-Vas a doler, a doler mucho Oscar.
¿Había hecho lo correcto? ¿No hubiera sido mejor esperar o ahogar el sentimiento? La lógica se quebraba, si había hecho lo mejor ¿por qué no habría obtenido lo mejor? Era esa la incoherencia que más odiaba en el mundo y por cual se guardaba con tanto celo de lo que parecía racional.

A lo lejos pasa una pareja tomada de la mano, otra espina más que se clavaba; los ojos a punto de reventar de lágrimas, hacen un pequeño desfogue con dos lágrimas, mismas que Josué seca de inmediato. El celular suena, la llamada es de Oscar.
-Mejor no contestar.
Conclusión derivada del miedo de escuchar la voz de Oscar de nuevo. Ante tanto embate, se decide por desparramar aún más los sentimientos o tratar de asfixiarlos. Saca el ipod de la mochila y para su sorpresa olvido apagarlo. Se pone los audífonos y la música comienza a ser escuchada por él:





“Escucha una cosa que te voy a decir, aunque te duela el alma como me duele a mí. Podría engañarte si se me diera mentir, el caso es que no puedo enamorarme de ti.
No, no puedo enamorarme de ti. No, no puedo enamorarme de ti.
Nadie te roba nada, nadie ocupa tu lugar. De nadie son los besos de los labios del mar. De nadie es el camino que no mira hacia atrás, donde se desangra las estatuas de sal.
No, no puedo enamorarme de ti. No, no puedo enamorarme de ti. No, no puedo enamorarme de ti.
Si quieres quererme voy a dejar de querer, si quieres odiarme no me tengas piedad. Pero hay una cosa que no vas a lograr y es hacer negocios con la necesidad.
No, no puedo enamorarme de ti. No, no puedo enamorarme de ti. No, no puedo enamorarme de ti…”












Canciones:
‘Perfecta’
Miranda con Julieta Venegas

‘No puedo enamorarme de ti’
Joaquín Sabina

Tarde Lluviosa

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En tardes como aquellas, frías y nubladas, se sentaba con un café en el balcón de aquella casa ajena, como le eran todas las cosas de este mundo. Observaba a la lejanía las nubes que cubrían por completo el cielo. El aire, helado a más no poder, rozaba su cara manteniéndolo lejos del sopor del sueño. Después de dos sorbos de aquella bebida caliente, su mirada perdía foco alguno, pues su mente ya se encontraba contemplando otra realidad, mientras la nostalgia comienza a invadir su cuerpo aletargado. Empieza a recordar aquellos amores que nunca ha tenido: su ideal de pareja. Da otro trago más, y piensa lo hermoso que sería vivir aquella relación que le vino, cual reminiscencia, el domingo pasado: aquella persona tan segura de sí misma pero a la vez tan tierna, despertando en la misma cama, mientras un leve rechinido y algo de luz atentan contra los respiros confundidos y unos pasos pequeños irrumpen entre la serenidad del momento de descanso de dos almas unidas hace horas. Siente, así, como un escalofrío recorre su piel y se pregunta ¿si es algo tan bello, porque no se puede realizar? Comienza la racionalización y la crisis de ideas, y en el flujo sale la que tanto le atormenta, de qué le sirve contemplar tan bellos ideales, si su vida cotidiana es tan común y hueca. Aquello lejos de ser un don o una virtud, casi parecía un castigo venido del mismo Olimpo. El café se ha acabado, las últimas gotas se encuentran en su boca, recarga su cabeza en la pared y descubre como la ansiedad le desgarra el alma. Una gota, otra más y poco a poco la cabeza se le va humedeciendo. Escucha su nombre, ha olvidado que hay alguien más allí. La compañía en cuestión salió al balcón –te vas a mojar- le dijo, y lo tomó del brazo, le besó mientras sentía toda aquella revolución de sentimientos. Pensó, con decidida resignación, que aquella no era la vida que había soñado, que aquella persona no era la que podía cumplir con lo que tanto anhelaba; pero después de todo esa circunstancia era suya, muy suya. En cada amanecer, en cada puesta de sol, en cada respiro ponía parte de su voluntad y esfuerzo. Sí, en definitiva no todo era tan hermoso como debía de ser, pero era su vida. Correspondió el beso, y su mirada fue capaz de ver objetos terrestres de nuevo, las ideas se fueron pero la sensación de tristeza leve pero desgarradora continuaba allí, mientras iba tomando de la mano.

Poema 15

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Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía;

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.



Pablo Neruda

A ti

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Me ganó Sabina: “Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo”, deseaba escribírsela a quién con su piel de sol, ha irradiado solo dos días mi oscuro mundo. Al ente portador de esos ojos en los que se descifra un universo entero. Al emisor de aquella voz dulce que dirigía a otros. A ti, deseaba entonar mis cánticos, mi feroz guerrero, finalizar escrito tras escrito, verso tras verso: un mundo de composición para ti. Y ahora, ideas me faltan y pesados se yerguen mis dedos: el tedio hace su entrada triunfal y con una frase llena de frialdad proclama el final de la obra: “No es para ti, nunca estará a tu lado. Su cuerpo no fue hecho para yacer junto al tuyo en el mismo lecho…” Me quedo de hielo, quiero continuar describiéndote pero no puedo, pasmado estoy: la belleza buscada y encontrada, más imposible que cuando entre sueños mi etérico ser le contemplaba.

Paul Feyerabend

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~~~~~~~~~
La ciencia sólo es uno de los muchos instrumentos que ha inventado el hombre para manejárselas con su contorno. Pero no es la única, no es infalible, y se ha hecho demasiado poderosa, demasiado apremiante y demasiado peligrosa para ser abandonada a sí misma.
~~~~~~~~~~
Paul Feyerabend

Duerme

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Duerme


Tus labios entreabiertos

con un leve zumbido al respirar

tu cara sin gestos

tus pechos pretextos

de una posible maternidad

toda tú, dormida allí

después de la estampida

de dos cuerpos y el amor.


Tu vientre haciendo un hueco

para guardar mis pistilos de agua luz

tus pies descubiertos

tus brazos abiertos

tu ombligo el universo todo en ti

y yo me fumo tu aliento

después de la batalla

de dos cuerpos y el amor


En tus uñas hay rastros de mi piel

y en mi piel hay sudor del compartido

es sudor de sal que sabe a miel

son tus manos arañando en lo prohibido


Duerme, duerme

que yo aún no sé si estoy soñando

se vino el cielo a este lugar

mientras tu cuerpo aún temblando.

Duerme, duerme

que seré el centinela de tus sueños

que no hallarás uno mejor

que del que acabo de ser dueño.


Tu pelo derramado

llenando de azabache mi colchón

tus uñas pintadas, tus piernas cerradas

tus pliegues en perfecto claro oscuro

y yo creo más en dios

después de la fortuna

de dos cuerpos y el amor

y tú que aún no te enteras que te amo

porque no entiendes el lenguaje de mis manos

mañana al despertar yo te diré

lo que este tiempo por cobarde me callé.


Duerme, duerme

que yo aún no sé si estoy soñando

se vino el cielo a este lugar

mientras tu cuerpo aún temblando

duerme, duerme

que seré el centinela de tus sueños

que no hallarás allí uno mejor

que del que acabo de ser dueño.


Ricardo Arjona

Amor sin objeto

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Canto al dolor nacido del amor sin receptáculo. Feroces alaridos salen de las profundidades de mi ser. Tan rápido profiero palabras que mi boca cerrada parece. Manos lentas y torvas, incapaces de transmitir el sufrimiento que mi mente pretende ordenar. ¡Oh locura! Excelsa apareces ante mí, digna hija de Dioniso, que una de tus iluminaciones penetre mi fútil entendimiento. ¡Que el corazón deje de sentir por un momento! Imploro de rodillas: ora en Delfos, ora en Atenas, ora en Chipre… no hay respuesta. ¡Que la herida sane! Con lágrimas imploro a mis alrededores… pero la sangre continúa manando a chorros. Sentir blasfemo, vitalidad exasperante, si ya he rechazado la racionalidad ¿a dónde voltear? Condición humana infértil, ¿de que te sirve querer emprender el vuelo con tus alas de cera, si el sol de la realidad, en segundos, el costo de tu pecado te hará pagar? ¡Oh Apolo! Decías: ‘piensa’ y pretendí anular mis sentimientos con tu pie sobre mi mandíbula; capaz fui de darme cuenta del error y furioso me alcé contra ti, y en cadenas y grilletes te viste envuelto. Como guerrero triunfante en mil batallas, me dirigí al encuentro de Dioniso y para cerrar el pacto me propuse torturar tu cuerpo hasta los límites de la existencia: mi corazón volvía a latir. Después me di cuenta de que otro pie sobre mi cráneo se apostaba, era el hijo de Zeus. Tardé más en darme cuenta, pero con rabia sin igual, me levanté y gras singular batalla, recluso quedó. Y ahora con dos dioses como esclavos, mi ser entero reconocía su blasfemia y al abandonar la escena del crimen, a vivir mi herejía me dediqué. Tiempo ha de aquello, pero salta al recuerdo cuando Afrodita, con desprecio, dos cartas me entrego: una, decía “Amarás”, firmaba Dioniso; en la otra “sin objeto” se leía, firmaba Apolo.

Sueño de una noche de invierno

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Sigo rescatando cosas del baúl de la abuela...(2005) igual que en Soledad, no le agrego ni corrijo nada para que siga inédito de cuando era joven y bello (aunque lo siga siendo jeje).








De aquellos enrojecidos ojos de tanto llorar, salieron las últimas dos lágrimas que su alma podía brindar. Se resbalaron como tantas más, por esas mejillas ya desgastadas de tantas noches de soledad.

¿Pero porque iba a abandonar el llanto? Aún sentía ese dolor a flor de piel, era una espina que le trituraba el corazón. Aquel dolor que no le permitía pensar en otra solución que el suave vuelo de la muerte. ¿Por qué si aún lo sentía dentro de él, elegía dejar de llorar?

El llanto en él ya no causaba ningún alivio, se había convertido en una rutina. Pero cuándo…? ¿en qué momento fue posible que apartara de su camino todo lo que le gustaba por el camino del llanto que ya había transitado tanto?

Fue un día, hace largo tiempo, cuando lo conoció. Sus ojos, ahora tristes, brillaron y se deslumbraron; su alma latió al reconocer que ante él, se encontraba la persona para la cual fue traída a este mundo.

El corazón latió fuertemente y su mente solo le transmitía palabras de amor; los versos que había entonado desde niño, ahora en inigualable reminiscencia se posaban en sus labios. Labios que estuvieron a punto de abrir para dirigirse ante aquella persona, con esas palabras.

Se dejó atrapar por sus ojos, por su cuerpo, por su ser. Al grado de no poderlo dejar de mirar. El tiempo seguía transcurriendo inexorablemente, a pesar de sus ruegos y rezos a la fuente infinita. La desesperación se hizo patente, no podría aguantar más.

Pero entonces, cual rayo venido del cielo, ambos se cruzaron; la unión deslumbró el lugar, mucho más que un eclipse en el medio día. Juntos, como sol y luna se unieron. Se entregaron en un beso, se abrazaron, pensando que todo sería para siempre.

De pronto le asaltó un terrible presentimiento, peor que el de la muerte misma. No estarían juntos toda esa vida; tal vez otra, tal vez ninguna. Calló estoicamente su llanto. A pesar de que el dolor le carcomía en lo más profundo de su ser, así lo hizo.

El dolor se apagó un poco; cuando fue besado nuevamente, un beso que cayó como lluvia fresca y abundante sobre un bosque a punto de ser devorado por el fuego de la tristeza.

El tiempo seguía transcurriendo, pero él había olvidado su presentimiento. Conciente o inconcientemente trató de vivir el momento, ese roce de almas único en el universo.

Hasta que en un beso, le llegó el peor elíxir que pudo haber probado en todo su paso por este mundo: la comunión de sus almas ni siquiera duraría antes de la salida del sol.

Entre las tétricas sombras de su ser, se negó a aceptar el desconsolador designio que manaba de las más oscura profundidad de su mente. Gritó una y otra vez, a lo que era superior de él, que todo fuese una mentira, que ese amor que lo carcomía tendría que ser fundido con el amor que el otro sentía por el.

Sus gritos eran cada vez más fuertes a pesar de que su boca no pronunciaba palabra alguna. Gritó al poder del amor que elegía la muerte con heroica resignación a volver a esa vida, triste y solo, sin el alma, que ahora a través de un cuerpo mortal, le sujetaba de la cintura.

Le abrazó, le susurró que nunca en la vida lo dejaría ir. Fue correspondido, pero no sellaron la promesa que se habían hecho. No hubo otro cálido beso, ni un amoroso abrazo.

El tiempo fue el encargado de dar la estocada final que ya estremecía su ser.

Estaban frente a frente, pero sin rastros del fuego abrasador que los había envuelto. Escasamente se miraban. Él lloraba por dentro, no podía dejar de verle sin morirse casi por pasarle sus brazos, envolverle el cuerpo y besarlo como antes.

No hubo piedad del destino. Se alejaron físicamente. En cuánto pudo soltó el llanto más largo y doloroso que ha sacudido este mundo. Él lo quería, ambos se querían. Y era esto lo que más dolía a su ya ingrato corazón.

Eligió llorar: y ahogarse y perderse en la nada… transcurrieron días, semanas, meses. Hasta que se dio cuenta que las lágrimas ya no brotaban, las últimas dos corrieron, pero el dolor de su alma permanecía intacto.

El incendio provocado hacía largo tiempo atrás, aún no se apagaba, ni con las abundantes gotas de lágrimas que había vertido.

Salió de su caverna. Pero ya no sería nadie, ni nada. Sería una sombra que vagaría por todo el orbe. No tenía el valor suficiente para hacer el trabajo correspondido a la muerte, porque en el fondo de su ser, tenía una esperanza: la esperanza de estar con él y nunca más volverse a separar; de darle un abrazo y llenarlo de besos desde el despunte del alba al ocaso.

Vagaría, arrastrando sus cadenas. Lo buscaría hasta encontrarlo, pese a que en el fondo ya sabía que no sería así. Aunque esto fuera más doloroso que la amarga resignación al no tenerle.

Bebió el cáliz del desconsuelo: ya no tenía nombre, ya no era nadie. Buscaba como el ciego la luz… La luz que un día lo hizo el ser más feliz, más pleno de toda la creación.

Ahora solo le quedaba el recuerdo de cuando sus almas se unieron, y eclipsaron a las estrellas más brillantes del cielo en un éxtasis que no pudo durar más…

Un beso

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Sus ojos, ansiosos, le miraban. Todo su cuerpo estaba pleno de amor que quería volcar en él, desde hace tiempo. Años de amistad se habían tornado en doloroso tormento durante los últimos meses. Y ahora su boca, formando un tierno hueco, deseaba más los labios de aquél. Era de noche, hacía frío, por la calle desolada corría la feroz voz del invierno. No sabía a ciencia cierta si sentiría lo mismo que él, pero no pudo más en cuanto se le acercó después de deambular, lo decidió y lanzó sus labios a chocar contra los de él, en un tierno roce. Solo fue eso, un beso cargado de cariño que emergía de la profundidad de su ser, que apenas duró instantes. Mismos que sintió como revoluciones del infinito y que solo podría medir como eternos. Después, recargó su frente junto a la de aquél que tanto había anhelado. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción y liberación plena. Y sin esperar una respuesta, se recargó en su hombro y se aferró fuertemente a él, cual si fuera el único anclaje de su existencia. Solo sentía paz y el rítmico palpitar del corazón del otro, cuanto para su sorpresa, las manos ajenas le levantaron la cabeza. Los dedos recorrieron con ternura su rostro y secaron las lágrimas con devoción, como la de la Magdalena al enjugar los pies del Ungido. Abrió los ojos, las miradas no se separaban, cual totalidad erigida en unidad con algo menos que nada a su alrededor. Entonces el milagro ocurrió, cual conclusión claramente derivada de las premisas. El rostro que estaba frente a él, se le acercó y palpó sus hermosos labios, por unos instantes que derivaron en un abrazo que derribaba toda duda…

Soledad

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Escrito antiguo (inédito, sin cambios, a pesar de que el autor fluye para bien o para mal, más que el río de Heráclito), que data de los tiempos de la sala "Ciencia y Tecnología ET". Empapado de Metafísica y Esoterismo. Con siluetas de las sombras de Astral, Princesa, Lazher, Titus, Aurika, Drakken, Felipe_Topo, Cletonia, Wiccano, Sortilegio, Irusita. Con la crisis a punto de explotar. Vierto libaciones donde quieran que estén, reciban este saludo, y este escrito fruto de tanto compartido con ustedes...

* * * * *



Soledad

Fue hoy, mientras caminaba sólo que te recordé. Recordé los momentos en que has estado a mi lado, y otros tantos en los que te has ausentado. Llegué incluso a dudar si la mayoría de mi vida la pase sin ti.

Después de divagar otro rato, concluí: no era así, siempre habías estado presente en mi vida, y era solo en pequeños lapsos de tiempo, que te habías ausentado.

A veces era feliz a tu lado, tu presencia me llenaba y me daba fuerzas para continuar el sendero pedregoso hacia la cima. Pero tu ausencia, era la desilusión de ver tan lejos esa cima y tirarme solo y derrotado. Otras tantas tu presencia era el aire denso que no permite al viajero llegar a la cima.

A veces eras la pieza que completaba mi obra, eras lo más hermoso, lo que coronaba todo lo que yo había construido. En tu ausencia, todo se veía tosco, frío, sin sentido; como si mi obra no la hubiese hecho yo. Pero otras tantas veces, tu presencia hacia que mi obra se tornar trágica, además que me hiciera pensar que esa obra no era digna, que esa obra era algo que no expresaba lo que el arquitecto quería expresar.

A veces eras el Jesús que suavizaba mi vida, que me decía que el amor lo era todo, que yo tenía un Padre y que ese Padre era conciente de mi. En tu ausencia, gritaba y pedía encontrar a ese Padre, me sentía fuera de ese amor, y luchaba por encontrarlo, donde el ya había dicho que no estaría... Otras tantas veces tu presencia era la de Casandra, prediciendo que todo lo que yo había hecho estaba mal, diciéndome que la destrucción se aproximaba...

A veces eras el arma de este viejo caballero, usada para rechazar todos los ataques, pero también para atacar al que tratara de hacerte daño. Pero en tu ausencia me sentía cual niño entre el campo de batalla llorando por ti. Otras tantas veces era la daga que atravesaba mi corazón, una daga que no me hacía morir cuando tanto lo deseaba, que solo me hacía ver y sentir mi dolor por estar junto a ti.

A veces eras la presencia que hacía de cada atardecer una cosa especial, un evento inigualado a ningún otro, una belleza directamente traída del cielo. En tu ausencia, el atardecer era cubierto por una oscura niebla que me hacía mirar hacía otro lado menos hacia el sol. Pero otras tantas veces, tu presencia hacía que yo me pareciera tanto a ese sol que moría frente a mis ojos llenos de lágrimas, que moría... y que algún día renacería... pero cuando sería ese día?

A veces eras la lluvia fresca que caía sobre mi cara, y me hacía sentir que la lluvia se dirigía a mí, simple ser del universo, una lluvia que me purificaba en todo el ser. En tu ausencia el calor del desierto, sofocante y seco, que agobiaba todo mi ser. Otras tantas veces eras el huracán que destrozaba todo lo que había podido sembrar en mi vida, muchas veces, incluso lo que había sembrado junto a ti...

A veces eras la flor que llenaba con su aroma y su presencia mi jardín, ese jardín donde podía dirigir mi vida entera y donde todo era belleza. En tu ausencia, mi vida era un desierto, sin belleza; árido sin vida sin nada que valiera la pena para mí. Pero otras tantas veces tu presencia era aquella rosa negra que soñé una vez, llena de espinas...espinas que se encajaban sutil, pero dolorosamente en mi alma...

Eres tantas cosas Soledad, tantas vivencias, tantos sentimientos. Hay momentos en que mi vida no tiene sentido sin ti, pero otros tantos donde no tiene sentido por ti.
Ahora me pregunto, ¿eres acaso parte de mí?, o es posible que yo te pueda decir adiós cuando quiera. Pero si ya lo he hecho... y siempre, siempre vuelves, más pronto que tarde...

EPÍLOGO

Soledad… tú tan fuerte, tan implacable. El estar sin tu presencia era algo que nunca en mi existencia, creí poder lograr. No fue un triunfo mío tu partida, hay que reconocerlo…

Llegó alguien más, cuando de tu mano me llevabas hacía el abismo. Alguien que cambio mi destino junto a ti. Alguien que en un torbellino de amor me arrancó de tu lado e hizo que te alejaras de mí. Con el brillo de su ser hizo que se cortaran las cadenas que tras largos siglos tu habías puesto en mí.

Con sus alas, me llevó lejos, muy lejos. Con sus brazos extendidos esperó a que comprendiera quien se presentaba ante mí. Con su propio corazón me protegió del último ataque de tu feroz guadaña que amenazaba con acabar con tan miserable vida.

Una vez en tu ausencia, Soledad, todo fue diferente…no había antagonismos: el atardecer y el amanecer tomaban forma frente a nosotros, solo existían porque nosotros estábamos allí, unidos en una comunión en que nuestras almas se unían para dejar la huella una sobre la otra, una huella que duraría una eternidad.

La lluvia nos rodeaba, la felicidad se hacía inmensa. Tú no estabas por ningún lado… Ahora el mundo solo existía para nosotros. La eternidad que pasé a tu lado, bien valía la pena volver a vivirla con todos sus dolores y llanto, todo por ese momento en el que, con la calidez de un beso y la unión de nuestros cuerpos, ambos nos entregamos en la totalidad del universo.

Solo fue un instante, que duró eones… Entonces comprendimos que yo debería de regresar a ti, entrañable maestra de los siglos. Que si el destino me encadeno a ti, fue para aprender, para poder estar junto al ser que significó todo, y para el cual fui hecho.

Tomé tu mano, y tú con la paciencia y la desesperación, me llevaste otra vez más a seguir tu camino. Pero ahora todo era diferente…no había angustia, temor y lágrimas. Ahora la luz fluía, pues sabía que al final, Soledad, no estarías tú, sino que al final este pedazo de alma dentro de mí, se uniría con el otro pedazo que un día como éste se unió a mí.

Y ese día, Soledad, por más lejano llegará…No me daré cuenta, pero alguien tomará mi mano, me llamará por mi nombre. Y la entrega de sus labios, me hará saber que para mí, ya no estarás más allí Soledad, que ahora me espera la plenitud de la unión en el amor en algún rincón de este largo y vasto universo, que será sólo para nosotros, y para nadie más…ni para ti Soledad.

Cuando todo pueda esperar…

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Cuando la lógica, con sus huecos enunciados, no logre interesarme…
Cuando la violencia sublime de las artes marciales no flagele mi cuerpo ansioso…
Cuando Marcuse, Freud, Nietzsche, Camus, Feyerabend, Foucault, y demás, no sean escuchados por mi mente ávida de conocimiento…
Cuando la retórica, con su fino persuadir, no tenga nada que ofrecerme…
Cuando Sabines, Neruda, Benedetti y otros, sean realistas natos frente a mi idealista vida…
Cuando las heridas dejen de doler…
Cuando los huecos se hayan llenado de una vez y para siempre…
Cuando Lila, la Vargas, Sabina y José Alfredo, con toda su música, juntos no lleguen como tequila solo a mi cuerpo…
Cuando no derrame lágrimas de tristeza al ver un rodaje desgarrador…
Cuando la necesidad deje de estremecer toda mi alma trastornada…
Cuando el Symposio o el Fedro sean sólo apéndices vagos del libro que pronto se escribirá…
Cuando el tinto deje de ser necesario para saciar mi sed…
Cuando los sueños no tengan nada con que seducirme…
Cuando deje de mendigar migajas de cariño…
Cuando la negra soledad en el parto de una mañana haya devenido…
Cuando el vodka deje de ser el líquido con el que intento mitigar este incansable fuego…
Cuando pueda poner entre paréntesis toda la existencia…




será por que la causa de dicha suspenso y parálisis eres tú…
tú, que estarás a mí lado, quien ya no se encontrará con los brazos abiertos,
atento a mi llegada, porque ya me tendrá enlazado entre ellos…

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