Decadencia

Author: B. Rimbaud / Etiquetas: , ,









A lo lejos suenan las campanadas que indican que son las seis de la mañana, señal inequívoca de que tu noche en vela ha terminado. Has luchado ferozmente contra la almohada para poder obtener al príncipe Hypnos de tu lado, con vehemencia buscaste los brazos de Morfeo pero todo termino en la derrota de quien sufre la tortura de sus pensamientos como un cruel demonio en algún círculo del infierno dantesco. Se ha consolidado el imperio de lo efímero en tu vida y, bien lo sabes, es poco lo que puedes hacer ya. Asesinaste lo que había de divino en ti y terminaste convirtiéndote en todo lo vano y futil que siempre odiaste de este mundo terrenal. En el intento por ahogar la locura, tu locura, terminaste anegado en copas de tinto y de brandy que terminaron por eliminar la virginidad que le ofrecías a Dyonisos; dejaste de ser una báquide para convertirte en una cualquiera. Ya el templo de Apolo está cerrado para quienes ya no tienen la claridad. Ya las columnas que sostenían la mansión de tu existencia, demolidas están; tal fue tu intención: '¡que no quede piedra sobre piedra!' gritaste en otro momento. Y he aquí, oh ironía, que tu más grande anhelo se cumplió: liberarte de todo, que para que nada te una al mundo nada habrá de atarte, y te zafaste de todas las sogas. ¡Ay de ti! Ahora te lo preguntas con la claridad del suicida cuyas venas se desangran lentamente tras los feroces tajos con los que se ha envestido: '¿Por qué sigo aquí?'. Y la luz del alba hace su aparición, pero no llega la claridad. Si es cierto que, como dicen, una vida sin reflexión no vale la pena ser vivida, ¿no será igualmente cierto que una vida sin pasión tampoco vale la pena ser vivida? Las sábanas te estorban, es el calor de la existencia el que te atosiga y ya no hay agua en este desierto que cure la sed de sentido que padeces y te causa horribles dolores. Las heridas revientas pero ya no buscas curarlas, quieres que ese charco de sangre quede allí como prueba de tu lucha fatídica y fallida, y como moribundo que se aferra a ver por última vez el sol, recuerdas algunos versos de Amado Nervo:

Amaba y me decías: «analiza»,
y murió mi pasión; luchaba fiero
contigo por coraza, triza a triza,
el filo penetrante de tu acero.

Y caigo, bien lo ves, y ya no puedo
batallar sin amor, sin fe serena
que ilumine mi ruta, y tengo miedo...
¡Acógeme, por Dios! Levanta el dedo,
vestal, ¡que no me maten en la arena!



Imagen: Francis Bacon figure study II

Poema: Amado Nervo - Yo tuve un ideal

"El cinismo de la vida del mundo que sigue girando, es el puñal con el que el suicida perforará su corazón"

B. Rimbaud

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