Un beso

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Y va con dedicatoria...








¿Qué siento cuando te beso? Escribo la primera frase en mi mente, como una manada de pájaros pasando por el horizonte. Tus labios…-ríes con un dejo de molestia. Acometo de nuevo tu pregunta: A ti, todo tú, y antes de que interrogues anticipo: pero no como algo separado sino como alguna parte de mí: siento tus labios húmedos recorrer los míos, mientras cierro los ojos dejándome guiar por las caricias fugaces de tus manos que transitan cuerpo, cara, brazos, produciendo un torbellino de sentimientos que detonan en la esterilidad del no producir una imagen. Ahora me vez perplejo. ¿Quieres que continúe? Un tanto asustado, respondes afirmativamente. Siento la eternidad en la fugacidad con que trascurre, apenas pasan segundos, a lo más minutos pero yo he vivido más tiempo con tus labios cerca de mi alma. Cuando nos separamos, allí también el tiempo se vuelve eterno, mi ansia por besarte se ve delatada con mi mirada fija sobre tu rostro resplandeciente. Quieres más, quiero más: ambos lo sabemos, así que completamos nuestro deseo. Pero después de eso, una nueva necesidad brota en mí: abrazarte, sentirte en todo mi cuerpo. Y es justo en ese abrazar, donde veo la fusión de la ternura y sensualidad que provocas. Apenas dura poco, pues tus labios me buscarán nuevamente y yo, sediento de ellos, los aceptaré como el agua necesaria del oasis de mi desierto vital. Mientras ocurre, tomo tu mano la acercó a mi corazón, para que le acaricies. Pero es tu beso el que me incita a todo ello, tu beso despierta mi corazón, poco antes de tu llegada, dormido. La sangre vuelve a fluir, las sensaciones renacen y brotan como los capullos en la primavera. ¿Y qué otra cosa podría ser ese beso sino a un tiempo: agua, fertilizante y tierra de la semilla de mi alegría? No enmudezcas, que el rubor no invada tu cara y que tus ojos no dejen de mirarme. Mejor acércate y probemos si he dicho verdad con toda esta banal palabrería.


17 de marzo, el petróleo es nuestro

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Sí, participamos en la marcha en repudio por la privatización del petróleo en Guadalajara de la que poco o nada se supo a nivel nacional. Tal vez sería porque no fuimos muchos pero la labor estuvo allí. Le mentamos la madre al espurio hasta que se nos inflamó la garganta, coreamos que el petróleo era nuestro y que mejor vendiera a su chingada madre como lo expresa una de las imágenes que adjunto. Pero ¡oh sorpresa! Al final de la marcha toda la pléyade política de cierto partido de izquierda se hizo presente: exfuncionarios, excandidatos y pues lo que parecía algo popular pasó a otro rubro. Y no es que yo recriminé su participación, sino el como se presentan, no como una persona cualquiera sino como “el excandidato a gobernador…” y otros títulos nobiliarios que lejos de aportar restan al movimiento. Se nos olvida que la bandera es PEMEX y el petróleo y no ninguna otra, que todos como mexicanos nos lanzamos a su defensa y no como afiliados a tal o cual organización. Mucho se critica sobre la función de las marchas y su verdadera utilidad, pienso que solo es un paso al activismo quienes niegan que este sirva de algo pienso que enmascaran su pasividad con argumentos de dudosa procedencia (como las intenciones de Calderón) criticar es fácil: pero ¿qué tal proponer? De acuerdo: se necesita organización, redes, pero también necesitamos gritar y decir: “No lo vas a hacer, al menos no con mi silencio y mi consentimiento pleno”. Pienso que esta es la última llamada para el pueblo mexicano, están las condiciones para comience a reactivarse su instinto de vida sino lo hace creo que a la propia sociedad le importa un bledo su existencia, que prefiere continuar hundiéndose y dejando que fluya su instinto de muerte. Esta vez, el inactivismo y la no preocupación por las cosas que atañen directamente a la gente puede costarnos nuestra soberanía, la poca que queda. Estamos frente a una situación histórica, nosotros decidimos que papel queremos jugar, desgraciadamente el tiempo no nos dará una segunda oportunidad…



Fenomenología de la desesperanza

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La desesperanza comienza con un leve sacudimiento que revela un hueco interior que duele. Desconocemos que había (o pretendía haber) que no está y que molesta, provocando una picazón en el alma. Poco a poco los lagrimales comienzan a trabajar conforme reconocemos la causa de nuestra angustia: hay un corto en nuestra intencionalidad, deseamos algo, algo que no hemos podido obtener. Pero el asunto no es solamente eso, la desesperanza no exige un duelo cualquiera al no obtener el objeto deseado sino que exige, y esta es su nota esencial, un duelo espaciado a través de la vida de la persona que la padece. Un duelo por no poder tener cualquier cosa que remita a ese objeto, pues la sensación aparecerá siempre al faltar la cosa misma en la evidencia de cualquier accidente. Esto nos remite a una sensación de anhelar, desear compulsivamente de sentir una auténtica necesidad de tal o cual cosa, incluso llega un momento en el que la dignidad se apropia de nosotros y ya no pedimos, exigimos aquello que tanta falta nos hace. Fugaz instante, la realidad como balde de agua helada cae sobre nosotros y nos informa de una situación tan clara y distinta que no se puede dudar: hay una diferencia, una distancia ontológica insalvable entre nosotros y lo deseado, entre el anhelo y su satisfacente. Solo entonces viene la nota clave de la desesperanza: el ejercicio de la voluntad en negarse a sí misma, esto es: invalidando los deseos que brotan de ella, como las flores en el campo. Aparece la desgarradura del ser, al enfrentarse a una imposibilidad inherente de completarse, esto es: de realizarse. La cabeza se agacha, suman años de peso a la espalda del anémico de esperanza y poco faltaría para que se le confundiera con un cadáver. El sentir se vuelve amargo, el yo se descubre como algo que siente, pero para eso necesita sentir con un referente que no sea él, el sentir-se siempre ha estado allí, pero sabe ahora que no es una mónada, que necesita de los otros. La paradoja es que se da cuenta de ello justo cuando es conciente de que no alcanza ese objeto que forma parte de los otros o de lo otro, más propiamente. El ansia vital es truncada en su flujo operante, para quedarse nada más en el padeciente en quién ocurre una transmutación de sentimientos: la esperanza se torna en desesperanza, la alegría que parecía acercarnos al objeto en angustia que termina por separarnos de él. Si angustia, retomémosla pues parece vincularse con la desesperanza. La angustia se siente como un temblor, un escalofrío más o menos permanente en el cuerpo de la persona, un estado de fragilidad constante: un movimiento que parece no efectuarse pero que tiende, sin llegar a ello, a derrumbar al ente. También hay una incesante necesidad de negación de realidad, ya sea interna o externa, de la cual surgió dicho sentimiento; marca un desencanto matizado por una honda tristeza y un terror de que nuestros más profundos presentimientos se conviertan en realidad. Eso es común a toda angustia, pero a la angustia de la desesperanza habríamos de marcar que ya en ese instante nuestras sospechas se han hecho patentes: la separación de una realidad que duele, pero es un distanciamiento completo, por lo que se trata de una angustia con desesperanza, donde ambas ya no se distinguen y que llamamos desesperanza. Imposibilidad, desgarradura, temblor, fragmentación, incompletud, angustia, temor que se reflejan en un añorar, un estar-añorando, un siempre-estar-soñado donde el objeto siempre se idealiza, con la fantasía de que sea más nuestro, pero siempre se está conciente, no se abandona el saber que no es para nosotros, no hay cabida para las ilusiones, el “algún día”, “tal vez” no tienen sentido el “nunca” se inscribe como norma de acción. El hogar, que anteriormente era el mundo, se convierte en un claustro monadológico con jardines de efimeridad y un horizonte abierto de amargura, no hay más color que la desesperanza…







Joaquín Sabina - Calle Melancolía

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.


Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.


Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.


Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.


Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.


Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.


Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse,
soy esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.


Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

Cuestiones básicas

Author: B. Rimbaud / Etiquetas: ,

¿Cómo desterrar del ser la locura?
¿Cómo hacer asequible la tranquilidad
al que se disuelve en el caos del mundo terreno?
¿Se puede realmente amar en la vida?
¿Qué sentimiento debe embriagar al corazón para agarrarle el gusto al destino?
¿Cuál sendero lleva a tan elevado lugar?
¿Dónde se encuentra la fuente cuya agua sacie la sed existencial que me mata?

¡Luz, Luz!

Busco claridad y solo tinieblas cercan mi horizonte.
Busco evidencias y confusiones asaltan mi razón.
Suave consuelo…¡Cuánto te anhelo!
Tanto dolor me tortura. Y solo una voz escucho:

“Esperad…aquí también hay dioses…”

Saludos

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Pues sigo vivo, para gusto de pocos, resistencia de muchos e indiferencia de más. No he podido conectarme como a mi me gusta, tanta ocupación, pero ya llegará semana santa, tengo varios bosquejos para escritos pero la verdad no los traigo ahora a la mano. Agradesco a todos los que me han comentado y ha quienes les debo una respuesta les pido chance....Saludos y por aquí andamos...

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