Del 18 de julio de 2007

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Hoy quiero cantar a las musas del dolor, a aquellas que Sócrates y demás joviales pretendieron enterrar con sus eudemonias que fructificarían en Aristóteles. Pretendo que el dolor transite por todas y cada una de las células de mi cuerpo y mi corazón, en lugar de sangre, bombee lágrimas tristes. Que olviden mis labios su antiguo sonreír y aprendan las muecas que más reflejen las desgracias. Sea mi rostro como el del doliente Heráclito. De nuevo aparezcan heridas en mis venas que permitan escapar el vital líquido de mi cuerpo. Hágase mi cuerpo girones y pedazos de carne de tantos golpes recibidos. Una vez listo, que acompañé el coro mi triste canto y sea como el arpa de Orfeo, capaz de revolver sentimientos en los demás, en este caso de amargura. Mis lágrimas he descargado en una copa que poco a poco se ha llenado y, con el coro de rodillas, elevo la copa vierto la libación: “benditos sean dioses del Olimpo”, y apresuro a beberla, imaginando la más dulce cicuta…


Imagen de: http://blogs.ya.com/cosasdecasa/files/rosa_negra.jpg

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