Naúsea existencial

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Tengo el asco de haber deleitado la existencia y ahora volver a probar el puñado de cenizas que es la levedad cotidiana. Tengo el caos que predicaba Zaratustra, pero ¿dónde está la estrella que prometió que daría a luz? Si ya la garganta se ha inflamado de proferir insultos a la vida, ¿qué blasfemia puedo gritar, en un alarido, que haga enardecer a mi derrotado corazón? ¿Y qué he de decir de los amores? ¡Oh torpe bálsamo, que no cura, de las heridas del transcurrir mortal! Ídolo al que todos, rinden tributo fingiendo no hacerlo. Cruel desdicha la del amante que entrega su exhalar a alguna de los míseros ejemplares de su condenada especie, sin recibir en pago más que girones de piel. Le levedad es un veneno que todo lo corroe, del que nada puede escapar, más aún: es la esencia, la entidad de las cosas. ¿No aparece, a caso, un coche tras otro sin el menor sentido? ¿No nos da igual tanto la dicha como el mal ajeno? ¿Podemos decir que un momento de dicha es capaz de equilibrar la balanza de las noches en que el cuerpo flota sin que podamos conciliar el sueño? ¿Cuántos momentos son los que alcanzamos un orgasmo y cuántas las lágrimas derramadas? Multitud de ocasiones nos perdemos mirando hacia la nada, pero jamás he oído que alguien se pierda su visión en la alegría. ¿No es la faz contemplativa reminiscencia de nostalgia? ¿No es el llanto con lo primero que se reconoce que el infante está vivo? ¿Qué le queda por ofrecer a la vida? ¡La levedad! ¡Eso y nada más! Porque ningún momento puede hacer que se equilibre la balanza. La sonrisa del recién nacido, no borra la ceguera con la que se inicia en este mundo. La nostalgia de ser-no-siendo no desaparece con toda la sabiduría del mundo. Ni el más torrido y hondo clímax sexual borra los desgarramientos que ha sufrido el alma al verse alejada de lo que tanto ama. La noche en que aferramos nuestros brazos a otro cuerpo no son suficientes, más son las que nos aferramos a la almohada para poder sentir nuestro cuerpo, para poder sentir que existimos aunque sea en contradicción con otra existencia. Perdemos nuestro mirar en la nada, por que este ser, insoportablemente leve, solo nos recibe con escupitajos y caminos de espinas. Dolor y no-dolor es la nueva dicotomía que reemplaza a tristeza-felicidad. Existencia plena deberá de llamarse a la que evada, con suerte, tanto a la honda desesperación que causa el dolor como al suave y mortal desasosiego nada esperanzador de la levedad.

1 Interpretaciones, fantasías, idealizaciones:

Hiram dijo...

Es cierto que la levedad es inescapable. Somos hormigas en un monte de termitas, somos como sombras, que nacen y mueren en un instante de la historia .... y mientras menos nos creamos el centro del mundo y mas insignificantes nos sintamos, mas estaremos viendo la realidad tal cual es.

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