Adrián-Orestes

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Y va con dedicatoria...aunque el susodicho ni se haya enterado...

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Aquella madrugada Adrián corría, corría como nunca. El enemigo era más sólido que cualquiera de la realidad material, se trataba sin más de su pasado. Sus vivencias pretéritas le perseguían como un cazador a su presa, y a él con su flaqueza y debilidad, no le quedaba más que huir. Y a toda prisa pasaba por parajes ya conocidos, apresuraba el paso. Se sentía cual Orestes, perseguido por las Erinias, tras el feroz matricidio. No era el delirio báquico el que lo arrastraba en ese torbellino de locura, sino el caos interior que no encontraba salida en ninguna de sus acciones. Antes de llegar al que consideraba su único refugio, su recámara compañera infatigable de tantas noches en vela, se topó con Gerardo. Él lo había visto en tantas ocasiones, y no formaba parte de su mundo: físicamente estaban tan cerca como sentimentalmente tan lejos. En el jolgorio de la ocasión, Gerardo le invito a pasar a una fiesta que transcurría en aquellas primeras horas de un año nuevo diezmando a los invitados con alcohol y música sin fin. Para sorpresa de Adrián, los personajes congregados no eran otros que los que antaño habían conformado su vida: el amor platónico que no pudo obtener, el amigo que se le escurría siempre entre las manos como agua, los fieles compañeros de borrachera, el de la atracción fogosa y más. Antes sus logros, ahora sus derrotas que cargaba como cadenas. Sabía que la bienvenida sería dulce, pero la amargura del trascurrir y del futuro próximo lo harían vomitar ese trago de afectos miserables que le ofrecían en ese entonces. Cansado de su huida, no pudo más que quedarse en aquella reunión del tedio en donde se pasaba la antorcha de lo efímero de un año que moría al que nacía rebosante de levedad. Gerardo le ofreció una copa, Adrián no pudo más que aceptar devolviendo una sonrisa a la brindada por Gerardo, se hizo una plática muy ad hoc para el lugar. No obstante, Adrián sentía un descanso estando a su lado, un cariño que trascendía a todo lo que podía ser dado esa reunión donde el humo del spleen era respirado por todos. Apostó, entonces, no había nada que perder pues ya lo había perdido todo. Solo había mucho por ganar: una nueva ilusión o una nueva miseria. Tomó a Gerardo de la mano y lo alejó de la multitud, inventando una excusa ridícula, estando juntos Adrián trato de besarle de probar algo más que el amargo cáliz de su vida cotidiana. Gerardo se alejó, en sus ojos no se leía ni repulsión ni desagrado sino un caos de vivencias donde las palabras difícilmente podrían articularse. En otra ocasión, Adrián se hubiera ido tomando por bandera la dignidad pero el feroz calvario atravesado recientemente le exigía un descanso, un bálsamo para las heridas de las espinas, un pañuelo que le limpiara suavemente el rostro ensangrentado. Lo volvió a intentar, con más empeño. Gerardo no retrocedió pero tampoco dio su asentimiento, por el contrario trajo a flote argumentos ya tantas veces proferidos como escuchados: familia, amigos, y toda serie de enunciados que no afectaban propiamente a su esencia. Esa contradicción era la que le dolía a Adrián, el hecho del deseo interior y por ende esencial y la aparente prohibición exterior y por tanto existencial y no necesaria. Pero para su sorpresa, le propuso una fecha para concretar lo que esa noche aparecía falsamente con evidencia, como imposible. Las Erinias, persecutoras, parecían alejarse y mutarse en Euménides. El alcohol terminó, o acaso ¿no es que las personas se habían terminado? Y parte de ese finalizarse, fue el que realizó Adrián al tumbarse en su refugio. Un día entero trascurrió sin que respirara otro aire que no fuera el propio, ya entrado el día siguiente salió, creyendo haber librado aquella casa donde él había sido la víctima. Más tarde se pondría en contacto con Gerardo, y el día terminaría de amanecer: sería en la noche, protectora de los amantes, cuando se verían, culminando lo aplazado. Después de sembrar esperanza por cualquier camino que tomaba, Adrián se sentó a esperar que el tiempo, juez imparcial, diera el veredicto que le acercaría a lo que tanto deseaba. Tras una resolución de minutos, se veía frente a Gerardo con un porte más deseable que el que ostentaba en aquella elevada ebriedad. Caminarían un rato, para hablar simplemente. En una realidad, donde lo otro no es visto con ojos ya no de beneplácito sino ni siquiera como digno de existir, no era lo más conveniente algún encuentro cercano. La plática fue ligera, digna de un primer encuentro pero Adrián no permitiría que las cosas cerraran con aquella efimeridad, segundo nombre del lugar donde se encontraban, así que rompiendo la pasividad e indiferencia que mostraba recientemente hacia todo lo que identificaba como el mundo que le era adverso, lo llevó a un lugar un tanto apartado de las personas unidimensionales. Y ofreció un beso a su nuevo amado, que lo recibió con un tanto de timidez y extrañeza. Fueron unos pocos instantes, tras los cuales se miraron: Adrián con una indisimulada alegría, Gerardo ido en sus pensamientos. Otro beso más, esta vez un tanto más fluido y más extendido. Al finalizar, Adrián se recargó en su pecho, encontraba a su Apolo que le protegería de las Erinias.

6 Interpretaciones, fantasías, idealizaciones:

Carlos Delgadillo dijo...

Cayó en la tentación.

Hugo Peralta dijo...

Que historia tan profundamente chingona. Me puso la piel chinita y por un momento yo también sentí los labios de Adrián y de Gerardo. Wow. Me encantó. Chingón. En alguna ocasión escribí en mi blog una historia que se llama "Juan" y que es parte de una novela, encuentros y desencuentros. Chido

Dídac dijo...

OMG!!!!

Siento que tienes esa corriente del Naturalismo, por la manera de describir las cosas, enserio que como dice Hugo ami tambien s em puso chinita la piel!!!

Maravillosa!!

Saludos y abrazos

Erranteazul dijo...

Vengo de nuevo Rimbaud. Te dije k me encantó. Sensacional!!!!
Me encanta que Diego coincida y también Hugo. Dije hace rato que las sensaciones contigo se viven a flor de piel. Adríán y Orestes es ya un clásico. Lo tengo en mi colección. Puedo ver su reflejo junto a mi en el espejo aquel.
SALU!

alex dijo...

Ya te olvidè
vuelvo a ser libre otra vez
vuelvo a volar hacia mi vida
que esta lejos y prohibida para ti

Ya te olvidè
ya estas muy lejos tu de mi
tu no lograste con herirme, lastimarme
y convertirme en no se que

Me atrapaste, me tuviste entre tus brazos
me enseñaste lo inhumano
y lo infeliz que puedes ser
te fingiste exactamente enamorado
aunque nunca me has amado yo lo se

Me dijiste que jamas podria olvidarte
Que despues iria a rogarte
y a decirte besame
yo luche contra el amor que te tenia y se fue
ahora..Ya te olvidè

B. Rimbaud dijo...

Gracias por sus comentarios...Apreció que me lean y me alegra que les guste...respecto a la canción que me mandaron, solo citaré la frase de una canción "y que soy yo tu gran error olvido de un viejo amor, una confusión", no tengo más que decir.

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