Una Luz que se apaga

Author: B. Rimbaud / Etiquetas:

Entre copa y copa se acabó mi vida, llorando borracha tu pérfido amor…


El ruido del lugar, las copas que se suceden una a otra, desconocidos que transitan, cuerpos que bailan y minutos que caen asesinados sin más cruel martirio que una orla que no conozco: misión cumplida. Todo igual, nada que sobresalga, como dijo Nietzsche: ningún pastor y un solo rebaño. ¿Y yo? Pensando sin pensar. La noche se va descomponiendo en nauseabunda podredumbre, no atisbo ni de cerca lo que puede acontecer. Hasta que una luz tenue, alumbra las tinieblas del lugar y de mi conciencia. Y cuando vi la cara de esa luz desee creer en las coincidencias y pensar que él era la razón de que yo hubiera elegido ese lugar y no otro, antes de vernos o conocernos siquiera. Y es que la belleza que expresa un rostro como aquel, con una cierta dosis, muy exacta, de inocencia en un lienzo de piel blanca, evoca lo que puede tener de divino el hombre y despierta el ansia por la metafísica y la religión, pero esos libros ya los he quemado por consejo de Hume y ahora predico, con Zaratustra, la muerte de Dios. Justo cuando le aprecié de cerca, supe que ya no habría marcha atrás, era una de esas situaciones que te marcan lo quieras o no, y recordé a Kierkegaard, lo hagas o no lo hagas te arrepentirás, profética frase, ni en Delfos se dijo algo de tal envergadura. Su hermosura sin igual cortó mi aliento y elevó mis pies de la tierra. Quería volar y llevarlo conmigo a un lugar que pudiera analogar o simular su belleza, eso pudiera ser posible. Y mis miedos y temores se convirtieron en mi flagelo que terminó por hacerme tomar una decisión: no lo haría y por tanto, me arrepentiría. Pero este tipo de seres tienen una especie de autopercepción (aunque sea inconciente) de sus características estéticas y saben que un rechazo es prácticamente imposible. Así que bajó del Topos Uranos y escuché una voz preciosa que se dirigía a mí. Allí lo supe: me arrepentiría. El acercamiento y el reconocimiento que solo puede dar ese primer beso en que tiempo y espacio pierden su forma, solo recalcó aquel pensamiento. Sentí una y otra vez como la música perdía intensidad, sabiéndose inoportuna, cuando él me hablaba y entre pequeñas frases me lo dijo: quería que lo acompañará. Y supe que podía ser feliz… Cuando sientes la piel del otro, es decir, estar a contra piel con un cuerpo caliente cuyo corazón palpita acelerado aún por los embates de la acción erótica, sabes que después de todo la vida si puede tener algún sentido y deshechas por infructuosa la teoría del absurdo y afirmas el eterno retorno: sí, lo haría una vez y otra vez, olas veces que fueran, las vidas que fueran, repetiría todo con tal de volver a vivir este momento. Y cuando se duerme en brazos de con quien quisieras pasar toda una vida es justo en ese momento en que realmente no falta nada. El amanecer me arrebató mi plenitud y cuando caminaba por las calles de la ciudad que se levantaba no sabía si todo había sido un sueño o la alucinación de una droga que no me había dado cuenta de consumir. Y el arrepentimiento comenzó levemente, primero como un escalofría, después como una heladse por todo mi cuerpo. Había cometido el pecado más alto: probar la gloria divina, el elíxir, la ambrosía de los dioses. Y ahora ¡ay de mí! Quería repetirlo, me sentía más hueco que antes de mirarlo. Mi sola rutina fue capaz de levantar el clamor a los cielos pidiendo volverlo a ver, pero los dioses ya no moran en el Olimpo. Con sangre y sudor luché por repetir lo irrepetible, pero la belleza de la muerte de una estrella, esto es su fugacidad, no se repite. La amargura de la derrota de quien había triunfado sobre lo finito y ahora se descubre mortal de nuevo, me invadió. Él se fue, partió ayer, eso es lo que creo, y no hay un minuto en que la intención de mis pensamientos lo reflejen, no hay sentimientos que no lo evoquen. El descender a los pantanos es más difícil si se conoce el bosque, que si se viene de un desierto Y yo, que le recuerdo, escucho su voz entre mis añoranzas, y mi memoria sobre él es una tortura que pesa y que pesa más en un amanecer de domingo, cuando solo alguien como él pudo salvarme de la fatídica le vedad que me cubre en este día…
Traigo penas en el alma que no las mata el licor...

Canción: "Traigo penas en el alma" Canta: Lila Downs


2 Interpretaciones, fantasías, idealizaciones:

el juntacadáveres dijo...

no mames... que intenso...

lo hagas o no lo hagas te arrepentirás... asi mero son las cosas... y asi mero serán... no hay camino...

B. Rimbaud dijo...

:( asì fuè, pues èl se fuè...

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