Amanecer

Author: B. Rimbaud / Etiquetas: ,





Abro los ojos, ya no estás a mi lado en la cama. Las sábanas se encuentran arrugadas y a lo lejos un batallón de gotas irrumpen con estruendo entre los límites de mi mundo y el cielo.

Dirijo mi mirada hacia el hueco, allí donde se encuentra la sustancia de tu ausencia, tan patente como tu presencia. Mis dedos acarician el lugar de reposo de tu cabeza, sintiéndome deslumbrado por el recuerdo de tus ojos.

Estiro el brazo hacia el buró, alcanzó una taza y arranco lo que queda del contenido: café: frío y amargo.

Blasfemo el nicho que alojo tu cálido cuerpo y abarco ambos espacios, observando las estrellas que no adornan mi techo. Cierro un instante mis párpados y siento tus manos recorrer mi cuerpo otra vez. Los abro y descubro mis muñecas imitando tu siembra de flores por los surcos de mi carne. Contengo las ansias.

Un fuerte viento azota mi puerta y la presencia del mundo exterior me despierta un poco del ensueño. Pienso con extrañeza sobre mi vida, como todos esos años luche por ser un ser-sin-el-mundo, un yo que con violencia alejaba los objetos y otras conciencias, para estar congelado en tiempo y espacio.

Sonrío, nada tan claro como una confrontación de cuerpos: un tú y un yo, para descubrir las posibilidades del mundo y desgarrar el velo bajo el cual pretendía esconderme.

Difícil es llegar al punto medio, donde no pongas tú y me resigne yo, ni donde yo impere y tú te agaches. Soluciones espontáneas nos auxilian: aquel abrazo que parecía fusión pura, uno de esos besos que quisimos prolongar con la esperanza de actualizarlo en infinito. Nada lo soluciona por completo, tú sigues siendo tú con tu voluntad, yo sigo siendo yo con mi voluntad. Se acabaron las respuestas totalizadoras: el tarot y el iching no develaron caminos mágicos, Freud no cambiará la situación explicándola desde la cultura, ni Hegel desde el Absoluto, inclusive Platón preferiría no recitar el discurso de Aristófanes en el Symposio.

Llega el devenir, el discurrir de día tras día. Encierro un cigarrillo, lleno mi cuerpo de humo y lo libero lentamente. No sé si me siento más tranquilo o aterrado por mi pensamiento. Inhalo, exhalo. Y frente a mí, en el librero viejo, alcanzó a distinguir, como verdad clara y distinta, los libros de Nietzsche. Apolo y Dionisio en su lucha eterna, pero si hago caso de la dialéctica hegeliana, en el más feroz desenfrene y por ende negación de violenta de Apolo, queda en germen en el cuerpo de Dionisio y al revés. Es una lucha: la guerra, como dijo Heráclito, es el padre de todo.

Tiro la ceniza por segunda vez y me doy cuenta de que debajo del cenicero se encuentra un libro de Camus. Recuerdo las citas que tecleaba ayer, hilando ideas recuerdo la interpretación que alguna vez debatí con un amigo: el conformismo activo. Sí, la roca de Sísifo caerá por toda la eternidad, no importa que se lleve más alto o que tenga renuencia hacia su labor, forzosamente esmusssein, debe de ser.

La ley no cambiará: la forma permanece, pero el contenido puede mutar: yo explicándome, yo eligiendo como subir y bajar la cumbre. Elecciones miserables a primera vista, pero los condicionamientos aparecen por doquier en la vida del hombre. Si el átomo, como digo Lucrecio o Epicuro, caerá inevitablemente éste puede elegir aunque sea por milímetros un lugar diferente para su caída.

Apago el cigarrillo, me doy cuenta de que me he apartado del inicio de la divagación. Pero tomo un atajo: mi roca de dejar de querer que seas tú, está abajo: observémosla, lleguemos al ser de ella. Doy otro salto, se tú, que yo seré yo, luego fusión, el vínculo que nos una expandiéndose, para después comenzar: eterno retorno. Nada más legítimo que afirmarme y que te afirmes.

Tomo el teléfono y marco tu número, sediento de praxis: ser ante ti y que seas ante mí.

4 Interpretaciones, fantasías, idealizaciones:

el juntacadáveres dijo...

wow... me gustó mucho, más el principio que el final, creo que lo alargaste demasiado y fue perdiendo fuerza, pero me gustó de cualquier modo...

abrazos...

Erranteazul dijo...

Amor, deseo, nostalgia y frustración. Todo enmarcado por un diverso y contradictorio huracán filosófico que aún cuando más difícil de digerir, es el hilo conductor, n'es pa?

De nuevo con vos, Rimbaud. Ya lo dijo Verlaine.

B. Rimbaud dijo...

Gracias por sus comentarios y visitas!

Herta dijo...

me pierdo entre las sábanas....me gustó encontrarte....ahora leo El mito de Sísifo....y pronto viajo a México...me parecieron intensas las conexiones.....

(confianzaalada.blogspot.com)

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