Soy lo nuevo
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasDesierto Existencial
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Crónicas Cotidianas, Filosofía, Intermitencias, LetrasLo buscado
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasPureza uránica
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasAnsiedad y locura
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Letras
Amores perfectos/imperfectos
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Crónicas Cotidianas, La vida puede ser una canción, Letras
Escucha una cosa
que te voy a decir,
aunque te duela el alma
como me duele a mi.
Podría engañarte
si se me diera mentir
el caso es que
no puedo enamorarme de ti.
J. Sabina
Goethe en "Werther"
Imagen: Retrato de Lucian Freud en un sillón naranja de Francis Bacon.
http://www.foroderelojes.es/showthread.php/16432-Arte................./page13
Ángel extraviado
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Letras
Imagen: http://univisions.wordpress.com/category/jafree-ozwald-and-margot-zaher/
Canción: No sé que me das
Interpreta: Fangoria
Vuelvo a las tertulias -que no son sino solitarios monólogos- de café. A la necesidad de narrar, que no describir, el dolor que me atormenta. Los malos espíritus ya se niegan a abandonar este cuerpo consumido y maltrecho, solo escucho el eco de sus voces: "Somos Legión". La descripción es producto del ojo que avizora algo fijo, estable, mas no por ello inmutable. La narración cuenta el flujo y el reflujo, los triunfos y caídas, los espasmos que padece el ser, toda esa olla en ebullición que no cede ante el frío invernal del mundo cotidiano.
Presentación de "Cuaderno de la decepción. Oráculo del desencanto"
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasComparto el siguiente texto, con el cual presenté el libro de Erick Nolazco: "Cuaderno de la decepción. Oráculo del desencanto" las siguientes líneas son mías bajo la inspiración de este texto así como su relación con algunos otros textos. Para conseguir el libro se pueden contactar conmigo.
Rimbaud nos dice en su libro: “Temporada en el infierno”:
“Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.
Yo me he armado contra la justicia.
Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!
Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.
Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.
Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.
Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!
"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".
¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado”.
Erick, más modesto, no tuvo temporada en el infierno, con sinceridad nos declara en la advertencia inicial al “Cuaderno de la Decepción” su nombre debería de ser “Cuaderno de la Estupidez”, no pretende la épica de un Dante al descender a los infiernos para regresar a contarnos los pormenores, o la tragedia de Orfeo de descender por su amada hasta el Hades mismo y mostrárnosla en toda su belleza. Su Cuaderno y su Oráculo tienen manchas de esta vida que se nos vuelve carente de sentido, no en algún inframundo. Aquí es donde Nolazco se decepciona y se desencanta, y nosotros con él: de todo lo que huele a buenos modales y moral pudorosa. Levanta el velo y detrás del amor, la amistad, la cortesía, encuentra podredumbre, la podredumbre de la miseria humana, la oquedad con su hedor hace presencia; después de todo no es un hueco que esté vacío.
Entre las cuerpos, disecados y carentes de alma, de esta sociedad, en que nos hemos convertido, encuentra el hartazgo de la no-reciprocidad, la incapacidad de la comprensión por seres, que más que humanos, semejan loros o robots de alguna aventura literaria futurista. Una irresponsabilidad del otro -hacia nosotros- que lacera la piel tornándonos pecadores a ellos y a nosotros por igual. Ellos por su impotencia del compromiso, nosotros por tener aún esa esperanza.
Nolazco se topa con todo aquello que cualquiera anhela y le encuentra un sabor más amargo que las cenizas: el calor se les ha ido del pecho no hay humedad en sus cuerpos, todo es un repetir vacuo, hasta que se dan cuenta de que también ese fuego es necesario y lo buscan y lo rebuscan restregándose para no sentir el frío, como diría Nietzsche, ignorando que fueron ellos mismos los que asumieron ese clima con su vida mediocre. Y al unirse se lastiman entre ellos como la fábula de los puercoespines de Schopenhauer.
Nolazco reta a la vida social y a los logros de esta engalanada civilización en términos de relaciones y de nuestro fuero interno. No más soledades que engalanen o den un aire de mártir a nuestros actos, no a un intelectualismo barato conseguido del consumo de clásicos y best-sellers por igual. Al respecto nos dice en su aforismo 26: “Concebir la soledad como una torpeza emocional es un engaño, decir que es digna, un sarcasmo, pensar que sirve para algo una ingenuidad y defenderla como placentera, una altivez patética.”
Se puede decir que Nietzsche profetizó al hombre que lo empequeñece todo -el de nuestra sociedad, el último hombre, el que es incapaz de aborrecerse a sí mismo- el que invento la felicidad, pero es Nolazco el que lo describe con la desilusión de quien lo ha vivido, con el relámpago de ira de la decepción, con la melancolía del desencanto.
¿Cuántas veces no hemos probado los placeres tristes sin saber que son ellos o el por qué los probamos? ¿Quién no ha caído en el pecado o en la necesidad vital de volver a creer en quién ya nos lastimó una o más veces incluso? ¿O tal vez seguir viviendo como si nada tras una hecatombe emocional? Solo cuando volvemos a nuestro destierro monadológico de manera consciente, es que caemos en cuenta de la torpeza e inutilidad de nuestra vida, de la simpleza del interior, y la preocupación inconciente de engalanarla con algo atractivo y que mantenga a los demás a nuestros lado. Nos aterra el vacío, exterior o interior. La molestia de Nolazco es para quien no lo asume, para el petulante ensorbecido por tener supuestamente colmado ese vacío que todos tenemos en mayor o menor medida, esa negación hipócrita hacia la desolación de la cual nos dice que es: “Fruto amargo de la violencia del rechazo y abandono que los otros nos brindan, la desolación no frecuenta las invitaciones del amor ni el calor de la fraternidad. Ante la envidia se muestra sarcástica; contempla con desilusión el orgullo y el triste amor propio. De muy distinta forma actúa con el odio, recibido con una deferencia suspicaz. Por otro lado, es acogedora y horrorosamente solícita con el rencor, a quien destina el sótano de los recuerdos nunca vividos.”
¿Qué esperar, pues, de este Cuaderno de la Decepción, y de este Oráculo del Desencanto? La ira y la melancolía, la repulsión de los engaños exteriores e interiores a cuya sombra hemos vivido el asco y una existencia cuyo olor nauseabundo impregna hasta nuestras prendas y pensamientos más íntimos. No es una queja, no es un martirio, es el anote puntual, la sentencia concreta de lo que se viven en el transcurrir de lo cotidiano: al charlar con el amigo vacío de toda la vida, con la amiga irresponsable e incomprometida, con el amor ridículo que padecemos. Nos dice Nolazco: “Inventamos un sufrimiento para evitar otro, la soledad es la estrategia triste y torpe contra la violencia que nos ha sido dada.”
Por otro lado, pensando en El mito de Sísifo, Camus concluía: “Sísifo enseña la fidelidad superior y levanta las rocas, asume sea serie de actos desvinculados que se convierte en su destino...Hay que imaginarse a Sísifo feliz”. Nolazco prefiere una existencia más digna: el desencanto y la decepción, la desolación, la ira, la melancolía, todas flores del mal humanas, demasiado humanas.
Finalizo estas líneas con el inicio del libro, nos dice su prologuista: Nolazco nos transita de la temporada por el infierno al umbral de las iluminaciones, agrego yo, con humildad, en un solo acto: filosofar a martillazos. En algún lugar Nietzsche nos sugiere escribir con nuestra propia sangre, Nolazco le sigue. Concluyamos pues con una muestra de esta sangre, con una sentencia más acertada, y por tanto más divina que las emitidas en Delfos: “Haber crecido bajo la sombra del sufrimiento nos inclinará a deambular por los callejones de los placeres tristes. Y a diferencia de los otros, nuestra vida estará abrumada por el dilema baladí pero desesperante, de atender nuestros deseos repentinos o satisfacer nuestras necesidades más apremiantes. Hijos sensatos del sufrimiento, desconfiemos del ideal de las felicidades ajenas, construidas con sosiego, cuidado y abundancia o de cualesquiera otras cosas que no forman parte de nuestra vida. Las versiones vulgares de esos ingredientes son para quien ha sido forjado con ellos. Démonos cuenta que esas dichas cubren las necesidades de los otros pero ignoran las nuestras. Abdiquemos del encanto poderoso pero hueco del placer ajeno, y construyamos nuestra dicha con lo que nuestra sensibilidad requiere. Brindémonos una placidez sin precedentes. Respetemos la sensibilidad, que es el único color de nuestro mundo descolorido. Resignémonos no obstante a padecer celos y envidia melancólicos y apacigüemos esa amargura con la convicción firme, de impedir que sucumba nuestra sensibilidad en el desierto de una felicidad extraña donde la frialdad la desahucie, mientras desesperada intente darse calor, con los harapos de los pocos deseos correspondidos.”
De derrota y desesperanza...
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Crónicas Cotidianas, Letras, Letras de CancionesCon esta derrota que asfixia, tras mi exegética fallida de la obra nietzscheana que tuvo como corolario tu indiferencia por mensaje las palabras que nunca dijiste. Tal vez sea difícil o imposible, toda hermenéutica que nos lleve a la profundidad unívoca del contenido, pero en este caso es todo tan claro y distinto, y por tanto mas doloroso, con ese desdén que escupiste en mi rostro. Harapos de existencia, ¿cómo pretendí vestirme de manto y túnica si solo despojos miserables poseo? Más delito es ambicionar lo que nunca será nuestro que nunca haberlo querido ver. ¿Cómo afrontar este fracaso? ¿Cómo levantarme si en el fondo del abismo ya me encontraba? No hubo la caricia que suavemente levantara mi rostro, dirigiendo mis ojos hacia el horizonte de un futuro esperanzador en el que hace mucho dejé de creer. Entre más alto pretendemos volar, más duele la violenta caída, aunque nunca hayamos pasado del suelo, porque también duele cuando perdemos lo que no es nuestro. La espera que desespera parecía finalizada, la soledad de inescrutables murallas, parecía derruida como si hubieras utilizado tus palabras, cual feroces arietes. ¡Oh cruel ilusión! de nuevo escucho su voz, le conozco bien, su tortura se volvió cotidiana; y si en unos casos es dulce musa, ejecutora de tormentos se ha comportado conmigo. ¡Y yo con la fe ingenua de que me salvarías de ella! De nuevo la ceniza sobre mi cabeza y grilletes sobre mis manos: que la derrota parece eterna y el exilio de mi propia mismidad se vislumbra como un destino sin regreso. Quisiera cumplir la afirmación platónica: "los poetas mienten" y escribir escribir y escribir un relato donde tu indiferencia apareciera como fingida, donde explicar paso a paso las causas de tu actitud, negando el hecho de que brotaron espontáneamente; habría un final feliz, en el que tras desengaños sucesivos surge la verdad y nuestra unión. ¡Todo un castillo en el aire! Sino lo edifico es porque la vitalidad me abandona, y el corazón rehusa tan humillante labor: seguir soñando a aquel que lo ha lacerado violentamente. Odio continuar recluido, vi la luz tan cerca y aunque la seguí, ella se alejó siendo un consuelo efímero, un remedio que terminó por complicar esta enfermedad del alma que carcome y exprime mis fuerzas. Quisiera cantar, con José Alfredo, "Para de hoy en adelante ya el amor no me interesa...", pero mi boca solo logra entonar: "...cantaré por todo el mundo mi dolor y mi tristeza..." pero con tono dolorido y desgarrador, sin la alegría, que no es alegría, de vibrar con el Folklore. ¿Para qué citar cuestiones más eruditas, si en esas letras está mi sentir? La fuerza ya no me alcanza para decir con Sor Juana: "Finjamos que soy feliz" ¡Ni siquiera a esa actitud aspiro! Que si es triste lo que me acontece: ¿por qué no ser coherente y mostrarme así? Si mi miseria congénita me carcome ¿para qué adornarla pretendiendo disimularla. Y no miento cuando te sumo a la lista de mis males, aunque hay más que tu nombre escrito allí. Siento una impotencia ontológica de no estar completo yo solo que se traduce en un instinto vehemente de completarme, un ansia violenta que se torna caníbal y aniquila a sus hermanas, las demás ansias. Y sentí, que no pensé: sentí, que tú curarías mi voluntad con dulces bálsamos y apagarías el fuego de esa ansia carnívora. No se porque me interesa que se me entienda, si ya todo está perdido, si la derrota es un hecho, si este sentimiento de ser-vencido corre por mis ventas y es tan real que no necesito comprobación lógica o descriptiva literaria. Y se me acaba Sabina, y se me acaba Chavela, y los cánticos para el dolor escasean, y la cura, tú, ha desaparecido. El sentimiento primigenio de aquellos que, en contadas situaciones, es recomendando, es cotidiano antes de tu fugaz presencia y ahora, con tu partida, tan fugaz como tu presencia. ¿Qué letra han de entonar estos labios marchitos de no recibir la dulce agua de los besos del amor? Todo cotidiano, todo absurdamente hueco, y esos labios que esperaban la fertilidad de los tuyos sangran en su estéril haber, y ya no sorprende... ¿Por qué no sorprende? ¿Qué me impresiona que suceda o que no sorprenda? Mis argumentos me rebaten, mi desesperanza no era tal ni la fuerza que yo le achacaba, al menos sé que dominaba mi vida hasta que la destronaste. Ahora quisiera desesperanza total imperando mi vida con la dolorida pero descansada resignación."...y todo eso pasó con nosotros. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados..." Tu imagen va y viene, intermitente se proyecta en mi memoria. Mientras tanto me sumerjo en esta oscuridad que no acaba, en esta tristeza que todo lo matiza, en esta copa de amargura del derrotado, en esta locura portentosa... parto...vuelvo...sigo...no veo nada...

Imagen 1: http://farm2.static.flickr.com/1225/663810925_fe5f1a2363.jpg
Imagen 2: http://img158.imageshack.us/i/europa154lx4.jpg/
Me extraño, me extraño con tu cariño, con la dosis de amor a la que me tenías acostumbrado, es así que mi corazón se encuentra marchito, mi hogar otrora refugio lleno de luz que nos resguardaba tras murallas de afecto del hostil y oscuro mundo exterior, se levanta cual cementerio de todo aquello que fue y ya no es. ¿Aún pensarás en mi? ¿Lo amarás como me amaste? No lo sé...no sé si te amo, pero sé que extraño, al menos lo que era yo a tu lado. La vida es un remolino de emociones, un manantial de deseos que anegan nuestra voluntad. Y heme aquí deseando ser lo que fuí, pretendiendo cruzar el inexistente puente del abismo que nos impone el incesante paso del tiempo. El presente no me gusta, es tan frío, tan insípido. Y la voz de Chavela resuena en mi interior casi a diario: "Hay momentos en que quisiera mejor rajarme", constante tentación de tirar mi vida la borda o lanzarme al mar de la inconsciencia para no respirar este contaminado aire que destruye mis pulmones y envenena mi sangre. Quisiera desear nuevamente, volver a imponer mi voluntad al mundo ciego y carente de ella. Mi seguridad...dios mi seguridad tanto me hace falta...Ya no creo en nada, no hay doctrina que siga, no hay normas de acción y me siento incapaz de elegir. Todo es tan igual, ni siquiera sirve el criterio de "escoge de los males el menor" ¿y si no creo en nada? ¿Qué he sido después de ti? ¿Que estoy siendo? ¿Qué seré si no sigo creyendo? y me responde Mercedes Sosa: "un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un revoltijo de carne con madera". Olvido, trato de olvidarte...Recuerdo, trato de recordarme, de ver que fui yo y no otra persona la que estuvo a tu lado y sentía tantas cosas que ahora parece que soy otra persona, sombra errante en un eterno estar-añorado, con una incompletud insaciable y lastimosa, ahora pasos hacia ningún lado, sin destino fijo...
A Fausto lo salvaron las campanadas de la resurección, en Pascua, con dulces cantos angélicos de la furia atroz de la acción que pretendía contra si. A mi, en este diciembre, ¿habrá acaso de salvarme las campanadas de la Natividad, acompañadas de la ternura de los llantos del recién nacido? Sino, ¿qué o quién podrá detenerme en esta caída, donde hace tiempo pase el Tártaro? Ya no queda piedra sobre piedra, ya este cuerpo sin flores ni frutos, tristemente marchito se encuentra. ¿Habrá primavera? La desesperanza ha teñido mis cabellos tornándolos en canas que obstruyen mi mirada triste y consumida. ¿Qué sabe expresar mi voz mas que funestos lamentos de este destino cruel que me tiene al borde de la locura? En otros tiempos, mi garganta se inflamaba con los fieros alaridos de dolor, con los rugidos del leon. Ya los himnos de amor no quedan entonados con mi triste voz, la alegría es tema prohibido. Como los campos se cubren por completo por capas de pura y densa nieve, así mi alma se ha cubierto por el oscuro y grueso manto de la tristeza y la angustia en unívoca aparición. Y dime cruel hado: ¿Por qué aún continuo en este mundo si mi jardín ya no enverdece? ¿Qué tiene esta tortuosa existencia que me encadena a ella, aunque mi alma flota ligera por no sentir cercanía a nada? ¡Ay de mi! Tortuosa ironía es la gota de luz de esperanza que queda en mi, la que me mantiene en este mundo de levedad e ignominia. Ironía porque tanto deseo asesinarla, y es ella la que me conserva. ¡Oh pequeña luz! ¿Cuándo habrás de alumbrar mi mundo, o cuando te habrás de apagar? Eterno adviento se torna mi vida, ciclos sin fin, muerto en vida: " y el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz" yo aun no la veo...
Que debo de abdicar mi voluntad dicen…
Que esta pasión la debo disgregar dicen…
Que esta razón debe dejar de analizar dicen…
Que debo dejar el cayado y el manto de viajero dicen…
Que estos ojos, captadores de belleza, me los debo de arrancar dicen…
Que de un tajo debo cortar las alas de mi imaginación dicen…
Que los pies que tanto han andado deben vencerse dicen…
Que la frágil y última de mis esperanzas ha de fenecer dicen…
Que mejor es estar muerto en vida dicen…
Y yo afirmo sentado y echando puñados de tierra sobre este hueco en el suelo que a partir de ahora será mi hogar…
Los años pasan y uno también se cansa de este caminar constante, de tantas batallas por el castillo de los ideales, que hoy mas parecen un mito, que una realidad. Porque hasta el mejor guerrero se cansa de tanta lucha sino, hay una mano que, con suave tacto, le acaricie el alma. Toda lucha, para ser vivida, ha de cumplir con dos requisitos: la compañía y un para qué: no podemos cargar toneladas de lo desconocido en la soledad y aridez de un desierto, porque cuando junto a un compañero lanzamos nuestra flecha al mismo anhelo, el aire nos las para. Que tantos valores e ideales he dejado de lado, cuantos lechos calientes y de sábanas de seda he abandonado, cuantos manjares en celebraciones con copas llenas de agua cariñosa y tierna he rechazado para transformarme en el león que soy en este instante. Y quisiera rugir ahora como nunca que todo, lo cercano y lo lejano, se estremezca al escuchar mi feroz alarido, pero entre la fiera estepa, con el cielo desnudo y la melancólica luz de la luna necesito algo mas que el tosco roce de los pastizales, porque esta alma de león también necesita amor. ¿Cómo he de mutar en niño si no he de ver primero el cariño y la ternura en los ojos de uno? ¿Cómo he de decir santamente sí, sino me lo han susurrado al oído antes? Alma mía, tan lejos y tan cerca nos encontramos de ser estrella : falta bailar, iluminar, pero sobretodo amar y ser amado...

Ángel decadente
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasEn las formas de tu cuerpo, ángel de alas oscuras, vi la decadencia de este siglo apenas nacido. En tu rítmico bailar, el caos sin freno que impregna la cruel cotidianidad; y en tus ojos, ¡ay de mi!, el sin sentido, eje del mundo que gira vehementemente, y sin cesar. Tu místico trance revela la muerte de los dioses y el dolor convertido superfluamente en celebración. Y tu piel, sin mancha alguna, como la pureza del recien nacido antes de las gotas del bautismo; un cuerpo sin vello como las potencias aún no desarrolladas por el hombre. Dime, hijo de esta era, y por eso hermano mío de sangre, ¿a dónde habremos de ir si hemos cerrado todas las puertas de escape? ¿Qué cántico habremos de entonar si nuestra voz no conoce la melodía de la música? ¿Cómo sentir si el corazón en añicos se encuentra? ¿Dónde, fiel pitio de la noche, habremos de encontrar el óraculo que nos dé esperanza? ¿A qué dios habremos de sacrificar nuestra sangre, si el último fue degollado sobre este mismo altar? ¡Responde! ¿No vez que la espada acerco a mi corazón? Callas... Y después de unos cuantos pasos y giros desenvueltos de tus manos, me beses y caes dormido impasiblemente, la sombra de la historia cae sobre tus párpados: ¿no debería yo dormir para siempre? Algo me ata, como lo hace tu mano pequeña que se aferra a la mía...














