Vuelvo a las tertulias -que no son sino solitarios monólogos- de café. A la necesidad de narrar, que no describir, el dolor que me atormenta. Los malos espíritus ya se niegan a abandonar este cuerpo consumido y maltrecho, solo escucho el eco de sus voces: "Somos Legión". La descripción es producto del ojo que avizora algo fijo, estable, mas no por ello inmutable. La narración cuenta el flujo y el reflujo, los triunfos y caídas, los espasmos que padece el ser, toda esa olla en ebullición que no cede ante el frío invernal del mundo cotidiano.
Vuelvo a las tertulias -que no son sino solitarios monólogos- de café. A la necesidad de narrar, que no describir, el dolor que me atormenta. Los malos espíritus ya se niegan a abandonar este cuerpo consumido y maltrecho, solo escucho el eco de sus voces: "Somos Legión". La descripción es producto del ojo que avizora algo fijo, estable, mas no por ello inmutable. La narración cuenta el flujo y el reflujo, los triunfos y caídas, los espasmos que padece el ser, toda esa olla en ebullición que no cede ante el frío invernal del mundo cotidiano.
Presentación de "Cuaderno de la decepción. Oráculo del desencanto"
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: LetrasComparto el siguiente texto, con el cual presenté el libro de Erick Nolazco: "Cuaderno de la decepción. Oráculo del desencanto" las siguientes líneas son mías bajo la inspiración de este texto así como su relación con algunos otros textos. Para conseguir el libro se pueden contactar conmigo.
Rimbaud nos dice en su libro: “Temporada en el infierno”:
“Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.
Yo me he armado contra la justicia.
Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!
Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.
Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.
Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.
Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!
"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".
¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado”.
Erick, más modesto, no tuvo temporada en el infierno, con sinceridad nos declara en la advertencia inicial al “Cuaderno de la Decepción” su nombre debería de ser “Cuaderno de la Estupidez”, no pretende la épica de un Dante al descender a los infiernos para regresar a contarnos los pormenores, o la tragedia de Orfeo de descender por su amada hasta el Hades mismo y mostrárnosla en toda su belleza. Su Cuaderno y su Oráculo tienen manchas de esta vida que se nos vuelve carente de sentido, no en algún inframundo. Aquí es donde Nolazco se decepciona y se desencanta, y nosotros con él: de todo lo que huele a buenos modales y moral pudorosa. Levanta el velo y detrás del amor, la amistad, la cortesía, encuentra podredumbre, la podredumbre de la miseria humana, la oquedad con su hedor hace presencia; después de todo no es un hueco que esté vacío.
Entre las cuerpos, disecados y carentes de alma, de esta sociedad, en que nos hemos convertido, encuentra el hartazgo de la no-reciprocidad, la incapacidad de la comprensión por seres, que más que humanos, semejan loros o robots de alguna aventura literaria futurista. Una irresponsabilidad del otro -hacia nosotros- que lacera la piel tornándonos pecadores a ellos y a nosotros por igual. Ellos por su impotencia del compromiso, nosotros por tener aún esa esperanza.
Nolazco se topa con todo aquello que cualquiera anhela y le encuentra un sabor más amargo que las cenizas: el calor se les ha ido del pecho no hay humedad en sus cuerpos, todo es un repetir vacuo, hasta que se dan cuenta de que también ese fuego es necesario y lo buscan y lo rebuscan restregándose para no sentir el frío, como diría Nietzsche, ignorando que fueron ellos mismos los que asumieron ese clima con su vida mediocre. Y al unirse se lastiman entre ellos como la fábula de los puercoespines de Schopenhauer.
Nolazco reta a la vida social y a los logros de esta engalanada civilización en términos de relaciones y de nuestro fuero interno. No más soledades que engalanen o den un aire de mártir a nuestros actos, no a un intelectualismo barato conseguido del consumo de clásicos y best-sellers por igual. Al respecto nos dice en su aforismo 26: “Concebir la soledad como una torpeza emocional es un engaño, decir que es digna, un sarcasmo, pensar que sirve para algo una ingenuidad y defenderla como placentera, una altivez patética.”
Se puede decir que Nietzsche profetizó al hombre que lo empequeñece todo -el de nuestra sociedad, el último hombre, el que es incapaz de aborrecerse a sí mismo- el que invento la felicidad, pero es Nolazco el que lo describe con la desilusión de quien lo ha vivido, con el relámpago de ira de la decepción, con la melancolía del desencanto.
¿Cuántas veces no hemos probado los placeres tristes sin saber que son ellos o el por qué los probamos? ¿Quién no ha caído en el pecado o en la necesidad vital de volver a creer en quién ya nos lastimó una o más veces incluso? ¿O tal vez seguir viviendo como si nada tras una hecatombe emocional? Solo cuando volvemos a nuestro destierro monadológico de manera consciente, es que caemos en cuenta de la torpeza e inutilidad de nuestra vida, de la simpleza del interior, y la preocupación inconciente de engalanarla con algo atractivo y que mantenga a los demás a nuestros lado. Nos aterra el vacío, exterior o interior. La molestia de Nolazco es para quien no lo asume, para el petulante ensorbecido por tener supuestamente colmado ese vacío que todos tenemos en mayor o menor medida, esa negación hipócrita hacia la desolación de la cual nos dice que es: “Fruto amargo de la violencia del rechazo y abandono que los otros nos brindan, la desolación no frecuenta las invitaciones del amor ni el calor de la fraternidad. Ante la envidia se muestra sarcástica; contempla con desilusión el orgullo y el triste amor propio. De muy distinta forma actúa con el odio, recibido con una deferencia suspicaz. Por otro lado, es acogedora y horrorosamente solícita con el rencor, a quien destina el sótano de los recuerdos nunca vividos.”
¿Qué esperar, pues, de este Cuaderno de la Decepción, y de este Oráculo del Desencanto? La ira y la melancolía, la repulsión de los engaños exteriores e interiores a cuya sombra hemos vivido el asco y una existencia cuyo olor nauseabundo impregna hasta nuestras prendas y pensamientos más íntimos. No es una queja, no es un martirio, es el anote puntual, la sentencia concreta de lo que se viven en el transcurrir de lo cotidiano: al charlar con el amigo vacío de toda la vida, con la amiga irresponsable e incomprometida, con el amor ridículo que padecemos. Nos dice Nolazco: “Inventamos un sufrimiento para evitar otro, la soledad es la estrategia triste y torpe contra la violencia que nos ha sido dada.”
Por otro lado, pensando en El mito de Sísifo, Camus concluía: “Sísifo enseña la fidelidad superior y levanta las rocas, asume sea serie de actos desvinculados que se convierte en su destino...Hay que imaginarse a Sísifo feliz”. Nolazco prefiere una existencia más digna: el desencanto y la decepción, la desolación, la ira, la melancolía, todas flores del mal humanas, demasiado humanas.
Finalizo estas líneas con el inicio del libro, nos dice su prologuista: Nolazco nos transita de la temporada por el infierno al umbral de las iluminaciones, agrego yo, con humildad, en un solo acto: filosofar a martillazos. En algún lugar Nietzsche nos sugiere escribir con nuestra propia sangre, Nolazco le sigue. Concluyamos pues con una muestra de esta sangre, con una sentencia más acertada, y por tanto más divina que las emitidas en Delfos: “Haber crecido bajo la sombra del sufrimiento nos inclinará a deambular por los callejones de los placeres tristes. Y a diferencia de los otros, nuestra vida estará abrumada por el dilema baladí pero desesperante, de atender nuestros deseos repentinos o satisfacer nuestras necesidades más apremiantes. Hijos sensatos del sufrimiento, desconfiemos del ideal de las felicidades ajenas, construidas con sosiego, cuidado y abundancia o de cualesquiera otras cosas que no forman parte de nuestra vida. Las versiones vulgares de esos ingredientes son para quien ha sido forjado con ellos. Démonos cuenta que esas dichas cubren las necesidades de los otros pero ignoran las nuestras. Abdiquemos del encanto poderoso pero hueco del placer ajeno, y construyamos nuestra dicha con lo que nuestra sensibilidad requiere. Brindémonos una placidez sin precedentes. Respetemos la sensibilidad, que es el único color de nuestro mundo descolorido. Resignémonos no obstante a padecer celos y envidia melancólicos y apacigüemos esa amargura con la convicción firme, de impedir que sucumba nuestra sensibilidad en el desierto de una felicidad extraña donde la frialdad la desahucie, mientras desesperada intente darse calor, con los harapos de los pocos deseos correspondidos.”
Caos e incertidumbre, un cúmulo de recuerdos que se resisten a morir. Las esperanzas que van madurado mueren un día antes de florecer. Para lo constructivo: el ciclo. Para lo negativo: el ciclo, también. Caminar muerto en vida se convierte en una costumbre, en algo cotidiano, en parte de mi ser. Fingir que todo está bien, sonreír con cara de idiota me aseguran aceptación y tan siquiera ganar un poco de lo demás. Y me aleja de mi peor terror, la soledad. Odio los consejos, odio las pendejadas que pretenden hacerme sentir bien: volteen a su alrededor, las cosas no tienden hacia su realización, el Universo no conspira para que se cumpla su leyenda personal. Todo lo contrario, el sistema está diseñado para que no seamos felices sino productivos. Vivimos en la eterna incompletud, en la frustración del día a día. Sin la Tierra prometida. Hoy maldigo al número dos. Dos años de aquella ruptura, dos declaraciones fallidas, dos intentos de relación. Solo locura y soledad me acompañan en mi transitar, mi existencia me asquía, me harta me consume, y ante todo esto no puedo detenerlo,... Necesito unos ojos que alivien mi pena con solo observarlos, un abrazo que fortalezca la fortaleza que hay en mi... La vida sigue, y eso es tan injusto...
De derrota y desesperanza...
Author: B. Rimbaud / Etiquetas: Crónicas Cotidianas, Letras, Letras de CancionesCon esta derrota que asfixia, tras mi exegética fallida de la obra nietzscheana que tuvo como corolario tu indiferencia por mensaje las palabras que nunca dijiste. Tal vez sea difícil o imposible, toda hermenéutica que nos lleve a la profundidad unívoca del contenido, pero en este caso es todo tan claro y distinto, y por tanto mas doloroso, con ese desdén que escupiste en mi rostro. Harapos de existencia, ¿cómo pretendí vestirme de manto y túnica si solo despojos miserables poseo? Más delito es ambicionar lo que nunca será nuestro que nunca haberlo querido ver. ¿Cómo afrontar este fracaso? ¿Cómo levantarme si en el fondo del abismo ya me encontraba? No hubo la caricia que suavemente levantara mi rostro, dirigiendo mis ojos hacia el horizonte de un futuro esperanzador en el que hace mucho dejé de creer. Entre más alto pretendemos volar, más duele la violenta caída, aunque nunca hayamos pasado del suelo, porque también duele cuando perdemos lo que no es nuestro. La espera que desespera parecía finalizada, la soledad de inescrutables murallas, parecía derruida como si hubieras utilizado tus palabras, cual feroces arietes. ¡Oh cruel ilusión! de nuevo escucho su voz, le conozco bien, su tortura se volvió cotidiana; y si en unos casos es dulce musa, ejecutora de tormentos se ha comportado conmigo. ¡Y yo con la fe ingenua de que me salvarías de ella! De nuevo la ceniza sobre mi cabeza y grilletes sobre mis manos: que la derrota parece eterna y el exilio de mi propia mismidad se vislumbra como un destino sin regreso. Quisiera cumplir la afirmación platónica: "los poetas mienten" y escribir escribir y escribir un relato donde tu indiferencia apareciera como fingida, donde explicar paso a paso las causas de tu actitud, negando el hecho de que brotaron espontáneamente; habría un final feliz, en el que tras desengaños sucesivos surge la verdad y nuestra unión. ¡Todo un castillo en el aire! Sino lo edifico es porque la vitalidad me abandona, y el corazón rehusa tan humillante labor: seguir soñando a aquel que lo ha lacerado violentamente. Odio continuar recluido, vi la luz tan cerca y aunque la seguí, ella se alejó siendo un consuelo efímero, un remedio que terminó por complicar esta enfermedad del alma que carcome y exprime mis fuerzas. Quisiera cantar, con José Alfredo, "Para de hoy en adelante ya el amor no me interesa...", pero mi boca solo logra entonar: "...cantaré por todo el mundo mi dolor y mi tristeza..." pero con tono dolorido y desgarrador, sin la alegría, que no es alegría, de vibrar con el Folklore. ¿Para qué citar cuestiones más eruditas, si en esas letras está mi sentir? La fuerza ya no me alcanza para decir con Sor Juana: "Finjamos que soy feliz" ¡Ni siquiera a esa actitud aspiro! Que si es triste lo que me acontece: ¿por qué no ser coherente y mostrarme así? Si mi miseria congénita me carcome ¿para qué adornarla pretendiendo disimularla. Y no miento cuando te sumo a la lista de mis males, aunque hay más que tu nombre escrito allí. Siento una impotencia ontológica de no estar completo yo solo que se traduce en un instinto vehemente de completarme, un ansia violenta que se torna caníbal y aniquila a sus hermanas, las demás ansias. Y sentí, que no pensé: sentí, que tú curarías mi voluntad con dulces bálsamos y apagarías el fuego de esa ansia carnívora. No se porque me interesa que se me entienda, si ya todo está perdido, si la derrota es un hecho, si este sentimiento de ser-vencido corre por mis ventas y es tan real que no necesito comprobación lógica o descriptiva literaria. Y se me acaba Sabina, y se me acaba Chavela, y los cánticos para el dolor escasean, y la cura, tú, ha desaparecido. El sentimiento primigenio de aquellos que, en contadas situaciones, es recomendando, es cotidiano antes de tu fugaz presencia y ahora, con tu partida, tan fugaz como tu presencia. ¿Qué letra han de entonar estos labios marchitos de no recibir la dulce agua de los besos del amor? Todo cotidiano, todo absurdamente hueco, y esos labios que esperaban la fertilidad de los tuyos sangran en su estéril haber, y ya no sorprende... ¿Por qué no sorprende? ¿Qué me impresiona que suceda o que no sorprenda? Mis argumentos me rebaten, mi desesperanza no era tal ni la fuerza que yo le achacaba, al menos sé que dominaba mi vida hasta que la destronaste. Ahora quisiera desesperanza total imperando mi vida con la dolorida pero descansada resignación."...y todo eso pasó con nosotros. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados..." Tu imagen va y viene, intermitente se proyecta en mi memoria. Mientras tanto me sumerjo en esta oscuridad que no acaba, en esta tristeza que todo lo matiza, en esta copa de amargura del derrotado, en esta locura portentosa... parto...vuelvo...sigo...no veo nada...

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Imagen 2: http://img158.imageshack.us/i/europa154lx4.jpg/

